Personas Mayores

Cómo ejercitar la memoria en la tercera edad

Cómo ejercitar la memoria en la tercera edad

¿A quién tenía que llamar? ¿Dónde están mis llaves? ¿Dónde dejé los anteojos? Los olvidos cotidianos parecen inevitables y muchas personas se resignan a padecerlos.

Sin embargo, llegar a la tercera edad no implica perder la memoria. Estudios recientes demuestran que la pérdida de memoria no forma parte del normal envejecimiento. Se puede entrenar la mente para mantenerla en forma y transitar la tercera edad con lucidez y plenitud.

¿Qué son las quejas subjetivas de memoria?

Las llamadas “quejas subjetivas de memoria” hacen referencia a los olvidos percibidos por el individuo que se hacen presentes en situaciones cotidianas, y que se convierten en una fuente de preocupación, aún cuando luego de una consulta médica se descarte que sean de origen patológico. Existen básicamente dos grupos de factores que las producen: los biológicos y los psicosociales. -Dentro de los factores biológicos, el envejecimiento cerebral normal produce distintos cambios, como la disminución de la velocidad de procesamiento y/o ciertas dificultades en la evocación de la información almacenada, cuando no se tienen “pistas” ni referencias.
-A su vez, las modificaciones en el ritmo de vida provocadas por la jubilación, los cambios familiares (crecimiento e independencia de los hijos) y ciertas limitantes físicas, en muchos casos crean un clima de aislamiento social, pasividad, falta de motivación e, inclusive, mayor dependencia. Estos últimos factores y no solamente los biológicos, serían los responsables de los déficits percibidos por adultos mayores que, sin estar transitando un proceso patológico de deterioro cognitivo, ven disminuido su rendimiento cotidiano.

Trabajar la memoria en la vida diaria

La compensación de estos cambios se convierte así en el punto fundamental a la hora de trabajar con la memoria en la vida diaria.
La premisa principal apunta a optimizar los procesos de codificación de los estímulos que necesitamos almacenar. La importancia de los procesos de codificación radica en que son los responsables de organizar y clasificar la información garantizando que la misma sea mucho más accesible al momento de evocarla. Se puede pensar un paralelismo con cualquier sistema de archivo que utilice un código, por ejemplo, una biblioteca. La rapidez para acceder específicamente al ítem que necesito en determinado momento, está directamente relacionada con el nivel de orden y organización con que los libros fueron ubicados en primer lugar. Si no se usa ningún sistema, y los libros simplemente se van apilando a medida que se van adquiriendo, sin agruparlos ni categorizarlos, el tiempo requerido para buscar uno en particular va a ser muchísimo mayor (con el riesgo, inclusive, de no encontrarlo si la biblioteca es muy extensa).
A la hora de aplicar esta premisa en la vida cotidiana, se puede optar tanto por la asistencia a talleres destinados para tal fin, como por una modificación en los hábitos y rutinas diarios.
Por un lado, los talleres de estimulación de la memoria en sujetos sanos (personas que no tienen diagnóstico de deterioro cognitivo) promueven la adquisición de herramientas y recursos para enfrentar estos cambios. Así como se lleva a cabo en otros órdenes (utilización de anteojos para optimizar la vista o de prótesis dentales cuando hay piezas faltantes), las dificultades en la memoria pueden compensarse a través del aprendizaje y utilización de estrategias mnésicas que favorezcan la adquisición de información. El objetivo de dichos talleres apunta justamente al aprendizaje y utilización de las estrategias en el día a día.

Consejos para ejercitar las habilidades cognitivas

Por otro lado, existen maneras de ejercitar tanto la memoria como la atención en nuestra vida cotidiana. Pequeños ejercicios, hábitos saludables y una alimentación sana nos permitirán tener una
salud mental adecuada.
– Gimnasia mental: El cerebro necesita actividad para ofrecer un rendimiento adecuado. Si no lo ejercitamos, disminuye su capacidad para pensar y recordar. Si no se acuerda de algo recurra a un sinónimo.
– Ejercitar la memoria: Hacer crucigramas, memorizar la lista del súper, recordar la ropa que llevábamos unos días atrás, los personajes de un libro, lo que comimos, etcétera
– Memoria visual: El 80% de la memoria de las cosas lejanas es guardada de forma visual más que en palabras. Es por eso que, para recordar dónde dejamos algo olvidado, debemos tratar de “vernos” mentalmente para saber lo que estábamos haciendo y ya nos acordaremos de lo siguiente.
– Anotar la información: Los datos se retienen más fácilmente si se escriben. Por eso es bueno disponer de una agenda en la que poder ver todas las cosas que debemos recordar.
– Repasar: la información que deseamos recordar en cuanto nos lo hayan dado. Intentarlo 24 horas después y, por último, una semana después.
– Hacer una cosa por vez: haga una cosa por vez. Esta práctica es de gran ayuda para focalizar la atención.
– Ser organizado: tenga un solo lugar para las llaves, uno para los anteojos, otro para el celular. Decida si va a llevar la agenda siempre o si la va a dejar en su casa, así no tiene que recordar si la llevó o no.
– Tener una buena alimentación: Evitar los alimentos que producen el llamado colesterol malo, obstruyen las arterias e impiden que el oxígeno llegue al cerebro. Comer verduras y frutas frescas, pasta, legumbres y alimentos que contengan magnesio, yodo y fósforo.
El cerebro fabrica una sustancia llamada fosfatidil serina (FS) que sirve para mantener en buen estado las membranas celulares. Para poder generarla necesita vitaminas como la B12 y el ácido fólico.

¿Cuándo se considera que un olvido es “benigno”?

* Cuando se trata de un fragmento de una situación y no de todo el evento (Por ej, no recuerda qué pidió en el restaurante cuando fue a cenar, pero recuerda haber ido al lugar).
* Cuando -ya sea con pistas que ayuden a evocar la información o bien dándose algo de tiempo y sin exigirse- el recuerdo finalmente se recupera por completo.
* Cuando no afecta en forma significativa el desempeño laboral o académico cotidiano.
Resulta de importancia descartar también factores emocionales (depresión, ansiedad, estrés) que puedan estar en juego, afectando secundariamente la capacidad atencional y mnésica.
Si no se cumplen las consideraciones enumeradas, resulta conveniente la consulta con un especialista.

Por Romina Tirigay, psicóloga en la atención de las necesidades de los adultos mayores.