dolar dolares

Dólares “del colchón”: un blanqueo que no convence ni al más desesperado

En Argentina, donde los gobiernos cambian más rápido que los precios del supermercado, el nuevo intento de «blanquear» los dólares escondidos bajo el colchón huele más a manotazo de ahogado que a política de Estado. El Ejecutivo, con apuro y sin gloria, redacta artículos que pretenden suavizar la Ley Penal Tributaria, recortar plazos de prescripción y elevar montos de evasión para tentar a la gente a soltar los billetes guardados. Pero la verdad es que nadie, salvo los narcos con ganas de lavar, parece dispuesto a entrar en la pecera fiscal.

Porque no se trata solo de leyes, prescripciones o tecnicismos de ARCA: el problema es la desconfianza total, absoluta y justificada. En un país donde los blanqueos se repiten como ciclos lunares y ningún gobierno garantiza que lo que hoy es legal mañana no sea delito, ¿quién va a poner su cabeza en la guillotina voluntariamente? Los contadores —más sabios que muchos ministros— ya le dicen a sus clientes lo que todo el mundo piensa en voz baja: “no pongas un mango, porque después te cazan”.

Los supuestos beneficios del blanqueo son poco más que humo. Reducir la prescripción a dos años, elevar los montos mínimos para que no te acusen de evasor, o prometer que si comprás un auto o un inmueble te perdonan el pecado, no alcanza. No es confianza lo que falta, es memoria: la gente recuerda lo que pasó con otros blanqueos, con otros gobiernos, con otras AFIP. Hoy el que entra, queda marcado. Y mañana, otro gobierno, otra ley, otra cacería.

El FMI lo sabe. Los gobernadores lo firman por presión. Y los inversores reales, los que crean trabajo, producción o infraestructura, brillan por su ausencia. Lo único que fluye es la especulación, el pase de manos, el dólar MEP, el contado con liqui y el “no te metas”.

Mientras tanto, el relato oficial intenta presentarlo como una gran puerta al futuro. Pero la puerta no se abre si está podrida de base, y todos sabemos que esta Argentina no es tierra fértil para sembrar confianza con decretos. Las inversiones no llegan por decreto, y la plata negra no se lava con intenciones blancas. Si el gobierno no genera trabajo, seguridad jurídica y estabilidad, ningún blanqueo va a funcionar. Ni este, ni el próximo, ni el de 2027.

Los dólares del colchón no se liberan con leyes, se liberan con credibilidad. Y eso, Milei no lo tiene.