El Cuerpo Grita enfermándose lo que la boca calla

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Por ​Violeta Vazquez​, ​biodecodificadora, autora de “Basta de repetir la historia Familiar” y de “Dar la Teta”​, ​Ed​.​ del Nuevo Extremo​ (www.delnuevoextremo.com​)​​

Conocemos muy poco a cerca de cómo funciona nuestro cuerpo (cómo-funcionamos/ ¿Qué hace el corazón? dar lo mismo que recibe, parar lo mismo que acciona/ ¿Qué hace el útero? prepararse cada mes para proteger vida que la mayoría de las veces no sucede, sin rencores limpia y empieza de nuevo, pasa años esperando servir). Nos perdemos de la maravillosa tarea de dialogar con nuestros órganos afectados conociendo de sus esfuerzos y funciones. Tu enfermedad es una prueba de que tu cuerpo está sano, vital y haciendo todo lo posible para recuperar el equilibro.

Es evidente que todo se gesta en su opuesto. El verano en el invierno y la noche en el día. La salud se gesta en la enfermedad, donde la alarma interna suena, uno vuelve a medirse y se encuentra consigo mismo. El paradigma medico actual, que privilegia la tecnología y fragmenta la atención en subespecialidades está engendrando una semilla profana. La de su propia destrucción. De no ser por la rigidez del paradigma imperante no tendríamos tantas fuerzas alternativas (las que quedaron afuera de la tribu). De hecho no sería falaz decir que los movimientos alternativos más interesantes surgen y toman fuerza gracias a la medicina tal como es hoy. Queda en evidencia que debemos complementarla y si ella no permite el ingreso de nuevas técnicas menos cuantificables, éstas no tardarán en reemplazarla.

¿Hace cuánto tuviste tu última fiebre alta?. La mía fue hace poco. Ya no recordaba esa sensación de calor y frío. De cuerpo agotado. ¡Todo lo que pasa en un día! Cada hora es distinta, todo puede emporar o mejorar levemente. A veces puedo hacerme un te, y al rato no puedo ni arrastrarme al baño. Se que es una fiebre inocua, pero no dejo de sentirme parte del grupo de los «moribundos». Imagino a cada paciente en su cama de hospital, viendo como las horas no pasan y la imagen de estar saludables paseando por calle Corrientes parece una utopía. Cuando estamos enfermos no tenemos más remedio que estar en presente. No podemos planificar ni saber cuántas horas deberíamos dormir. Nos encontramos comiendo o viendo una película de cable a las 5 de la mañana. El mundo sigue andando, nosotros no. Yo particularmente temo no recuperar la vitalidad nunca más. Una hermosa oportunidad saturnina para que el obstáculo nos invite a vivir la vida interior, por más vacía o desordenada que esté.

Enfermarse es como estar sin Wi Fi o solo en medio de la tormenta de la ruta más inhóspita. No hay mucho con qué distraerse. Las enfermedades graves/depredadoras denuncian en sus características celulares, las características y la realidad psíquica de una persona. Un cáncer metastásico puede hablar de una persona sin limites, sin borde, que pretende reproducirse sin ver su entorno, que no puede participar de la vida del otro ni de su comunidad, es infantil e inmaduro, se aísla y deja de comunicarse con su entorno. Tal como denuncian sus células. A veces la célula o el órgano se comporta como la persona no necesita y no se permite y a veces funciona como un aspecto altamente exigido por el paciente (exigidor).

Muchas veces las enfermedades, sobre todo las comunes y agudas, son etapas de resolución de conflictos personales. De todas maneras, la enfermedad, denuncia un profundo rechazo hacia el propio cuerpo. Hay una parte nuestra, la más enferma, que está rebalsada de omnipotencia y arrogancia. El «yo» cree que el cuerpo no es suficientemente bueno y en general rechaza al órgano que está afectado, tratándolo de inútil, débil o trastornado. El cuerpo es una maquinaria inteligente que toma decisiones emocionales. La integración permite la salud, y la integración depende de nuestra arrogancia/humildad. Estoy segura que si tratamos a nuestros órganos como hijos desobedientes, insuficientes, depresivos, abúlicos, malos, o inútiles, no cumplirán sus funciones de forma saludable, ¿Quién pudiese hacerlo?.

Patologías como el cáncer, enfermedades mentales y las autoinmunes, parecen venir de «adentro». No se trata de intrusos sino de nosotros mismos, partidos, fragmentados, rechazándonos. Recuerdo un terapeuta gestáltico que me dijo «tu enfermedad no es la depresión, ni la ansiedad ni el pánico, sino lo que tu ser arrogante hace con ellos. Tu omnipotencia encubierta en depresión te somete y sobre-exige hasta que te convences de ser/estar enferma». Conocemos muy poco acerca de cómo funciona nuestro cuerpo. Nos perdemos de la maravillosa tarea de dialogar con nuestros órganos afectados conociendo de sus esfuerzos y funciones. Cuando conocemos qué hacen y cómo lo hacen, y podemos ponernos al servicio de aquello, valorando su acción, con humildad, el órgano está liberado, energizado y listo. Como lo estaríamos cualquiera de nosotros ante un acto de confianza, valorización y humildad provisto por un coordinador. Simple. Como es arriba a es abajo. En general rechazamos las cualidades del órgano afectada en nosotros y en la vida, como si esas cualidades nos alejaran del «ideal» que tenemos a cerca de nosotros mismos, de quienes queremos ser.

Si hay un órgano pasivo, blando, de mucho contacto con el exterior (por ejemplo los pulmones) es posible que un consultante parado en un lugar masculino y competente lo rechace, como rechace todo vestigio pasivo y servicial de sí mismo, por miedo a perder el lugar de poder. Los músculos guardan las memorias inconscientes y reaccionan con fidelidad, protegiéndonos de aquellos malos tratos que nos dieron/nos dimos. No me cabe duda que las enfermedades depredadoras (invasivas o sistémicas) tienen un componente transgeneracional que las gatilla, mas desde el presente, somos nosotros, los que podemos hacer un acto de resistencia y SIN dejar de pertenecer al sistema familiar, contentarnos con quienes somos y elegir hacer un cambio verdadero, profundo y fundador de un nuevo programa: liberarse de repetir la historia.

Para sanar se necesita adoptar una posición nueva, revolucionaria y a veces incómoda. Pienso que esta posición no debe excluir ninguna medicina, sino rebautizarse como individuo, en actos cotidianos, y eligiendo los contextos que sabemos modifican al gen. Además, todas las enfermedades son crisis depurativas, donde el organismo se limpia. ¿De qué? de tóxicos. Cuando los tóxicos que entran superan la capacidad de eliminación del organismo, éste se «enferma». Durante este periodo repara. La capacidad de reparación es directamente proporcional a la capacidad de los tejidos de oxigenarse. ¿Cuáles pueden ser los tóxicos? alimentos, resentimientos, vínculos, resistencias. Vivencias que dejaron nuestra alma fragmentada. Vivencias que no pudimos poner en palabras. Vivencias donde somos máquinas repetitivas. ¿Qué me oxigena? llorar, hablar, sentir. Evitar todos los azúcares, procesados, lácteos y harinas. Comer vivo. Vitaminizarnos. Tomar sol. Salir a caminar. Darnos baños de sal. Cambiar de aire. Viajar. Elongar. Tomar vitamina C, probióticos y Omega 3. Conocer las infusiones de plantas medicinales. Decidir sin mirar atrás. Expresar la ira, y luego preguntarnos ¿Cómo actuaría en esta situación sin miedo ni ira? Bailar. Enamorarnos. Dar la Teta. Cambiar de trabajo. Aprender a alternar los momentos de tensión con la relajación como un latido. Asentir a lo que somos hoy, y a lo que hicimos ayer, perdonándonos. Haciéndonos capaces de dar respuesta, sin castigo. Haciendo la pequeña revolución, la que hacemos todos desde nuestro cuarto.