Buenos Aires, mayo 2025 – En la Argentina del superávit dibujado, de la motosierra mediática y la libertad de cartón, hay algo que llama la atención incluso a los más escépticos del mercado: el dólar no cotiza. No sube. No baja. No respira. No existe.
Durante los últimos días, tanto en el mercado oficial como en ciertos segmentos del paralelo, el precio del dólar aparece artificialmente inmovilizado, contenido no por las fuerzas de la economía real, sino por una combinación explosiva de préstamos del Fondo Monetario Internacional y la manipulación de expectativas comunicacionales. Una suerte de corset cambiario vestido con la bandera de la libertad.

¿Pero qué significa que no haya cotización? ¿Qué implica que el precio esté “planchado”?
Significa que el mercado no funciona. Y cuando el mercado no funciona en Argentina, no es porque esté en paz. Es porque hay miedo, hay retención de operaciones y hay intervencionismo soterrado.
Fuentes cercanas al circuito financiero aseguran que se suspendieron operaciones importantes en casas de cambio y cuevas, que muchos exportadores están demorando liquidaciones y que los importadores no consiguen acceso al mercado para pagar compromisos. Mientras tanto, el Banco Central se pasea por el mundo mendigando confianza con un traje prestado por el FMI.

El escenario es el siguiente:
- El gobierno tomó préstamos frescos del Fondo Monetario con la excusa de reordenar la macroeconomía.
- Con esos dólares, interviene de forma no declarada, vendiendo divisas para dar la sensación de “calma”.
- Mientras tanto, los dólares genuinos del país no aparecen: ni inversión, ni turismo receptivo, ni confianza, ni producción exportable en crecimiento.
Estamos, una vez más, sosteniendo un castillo de arena con billetes prestados, y no es la primera vez.

Una calma prestada: del ‘82 al 2001 y vuelta
Ya lo vivimos en 1982, con la deuda estatizada que licuó los pasivos de los amigos del poder. Lo repetimos en los ‘90, cuando Cavallo ató el peso al dólar con alambres de deuda externa. Y lo volvimos a sufrir en 2018, cuando Macri y Caputo usaron préstamos récord del FMI para tapar un agujero fiscal y sostener la fuga de capitales.
Hoy, el libre mercado de Milei está sostenido por los mismos métodos que criticaba: el préstamo externo, la bicicleta financiera y la venta de humo.
El “dólar planchado” no es símbolo de estabilidad. Es símbolo de negación. De un modelo que no puede sostenerse sin asistencia internacional y que juega al shock comunicacional para tapar una realidad sin fundamentos.
¿Qué pasa con los depósitos? ¿Y con los pequeños ahorristas?
Mientras el gobierno mantiene la ficción del equilibrio, muchos economistas —como Carlos Maslatón, entre otros— alertan que los dólares de los argentinos ya fueron utilizados para sostener esta mentira. Los bancos locales, según esta visión, estarían sentados sobre una montaña de papeles sin respaldo, y si mañana alguien quisiera retirar su depósito en efectivo, podría encontrarse con el “no hay”.

No hay dólar porque no hay confianza.
No hay confianza porque hay manipulación.
Y hay manipulación porque hay una desesperación por evitar la corrida.
La economía argentina es un paciente en coma farmacológico: despierta, sí, pero sólo gracias a la anestesia del FMI.
¿Qué sigue?
Silencio. Desinformación. Medidas sorpresa. O un nuevo default encubierto. Porque el día que se acabe la nafta prestada, el dólar volverá a gritar. Y cuando grita, se lleva puestos a los que creyeron que planchar un precio es lo mismo que arreglar la economía.
Mientras tanto, el ciudadano común mira el home banking, ve que tiene dólares “digitales”, y no se pregunta si están. Hasta que lo necesite.
¿Es esto un nuevo 2001?
¿Otra vez nos están preparando para un “corralito”?
¿O aprendimos algo después de tantos fraudes seriales?
- Reservas líquidas en rojo: El Banco Central ya no tiene dólares propios, solo prestados del FMI o encajes que no puede tocar. Si mañana se corta ese chorro o los tenedores de bonos exigen pago, explota.
- Fuga encubierta y atraso cambiario: El dólar oficial está artificialmente bajo. Exportadores no liquidan y los importadores acumulan deuda comercial. Cuando se sinceren los precios, el salto será violento y repentino.
- Desconfianza sistémica: Si se confirma que los depósitos en dólares no están respaldados, se desata una corrida bancaria. La gente corre a buscar su plata, los bancos no la tienen, el dólar se dispara en todos los mercados.
En la micro: el precio del pan se duplica en 24 horas, se corta la cadena de pagos, se paralizan importaciones, revientan los alquileres en dólares y se detiene el consumo. Todo el aparato económico queda paralizado. Y nadie va a aceptar pesos.
