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Los dólares del colchón y el déjà vu argentino: ¿blanqueo o emboscada?

Melconian advierte que no hay ‘antes y después’. ¿Quién se anima a ser el gil que entra primero?

En nombre de la libertad económica, el Gobierno lanza medidas que prometen liberar el flujo de dólares no declarados. Pero en un país donde la historia económica parece escrita con la tinta del fracaso, ¿quién se atreve a confiar? Melconian lo dice sin vueltas: “No marca un antes y después”. En esta nota, repasamos el anuncio oficial, los resquemores técnicos y, sobre todo, la memoria colectiva del argentino que aprendió —a fuerza de saqueos— que cada vez que el Estado pide confianza, lo que viene después es el corralito.


La desconfianza tiene memoria de elefante

Desde el anuncio rimbombante del «Plan de reparación histórica de los ahorros de los argentinos», el oficialismo ensaya un acto de seducción financiera: darle vía libre a los dólares en negro, sin papeles, sin mirar atrás. Pero para Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación y uno de los economistas más escuchados por la City, el show no se sostiene: “El canuto es canuto. Y si yo tengo un canuto, sigue siendo mío. Esto no cambia nada”.

Esa frase, que suena a mate amargo en sobremesa de domingo, dice más de lo que parece. Porque si algo aprendió el argentino de a pie, el comerciante de barrio, el jubilado que guarda billetes en el placard o el pyme que facturó en efectivo para poder pagar sueldos, es que el Estado siempre vuelve por lo suyo. Y lo que parece una caricia puede terminar en garra.


El plan Caputo: ¿revolución o remake barata?

La medida fue anunciada con bombos y platillos por Luis Caputo y Manuel Adorni: menos control, más libertad, nada de blanqueo formal y todo orientado a «remonetizar» la economía. Se elevan los montos de control, se eliminan regímenes informativos, los bancos no podrán pedir declaraciones juradas… y se podrá hasta sacar 10 palos en efectivo sin que salte la alarma.

A simple vista, suena a fiesta. Pero en las letras chicas —esas que casi nadie lee, salvo los contadores que se queman las pestañas— aparece la trampa: no hay garantías legales firmes, no hay ley aprobada en el Congreso que blinde al contribuyente. Y como bien advierte el tributarista Guillermo Poch, “no hay norma formal que garantice que no te fiscalicen después”. O sea: hoy te invitan al asado, mañana te pasan la cuenta.


La historia como condena: del plan Bonex al corralito

¿Hace falta recordar cómo terminó cada intento de normalización monetaria en la Argentina? Allá por el ’89, el plan Bonex se quedó con los depósitos en dólares de la noche a la mañana. En 2001, el corralito y el corralón arrasaron con los ahorros en bancos. En 2013, el blanqueo de dólar-soja benefició a unos pocos y dejó al resto mirando desde la tribuna. Y en 2020, el blanqueo de capitales post-pandemia también fue un manotazo de desesperación con olor a default.

Por eso Melconian lanza su advertencia como quien tira una bengala en medio de la neblina: esto no es un “antes y después”, sino un capítulo más del manual criollo del fracaso económico. Lo que falta no es una medida técnica, sino lo que ningún gobierno desde hace décadas logró construir: confianza.


¿Quién va a entrar primero? ¿El gil o el insider?

«Esto no lo va a usar nadie», repiten contadores y asesores financieros. «Y si alguno entra, es porque tiene la espalda suficiente para bancarse una inspección o porque es parte del club», deslizan con ironía. Porque en la Argentina de Milei, como en la de Cristina, Macri o Menem, el que llega primero a la ventanilla suele tener un apellido conocido o un contacto en la AFIP.

Para el resto —los 390.000 monotributistas o autónomos que el Gobierno dice querer beneficiar—, el mensaje es ambiguo: entrá, que te prometemos que no te vamos a mirar con lupa… por ahora. ¿Y después? Después veremos.


Ganancias simplificado: un oxímoron sin respaldo

El nuevo régimen del Impuesto a las Ganancias, bautizado como “simplificado”, promete eliminar los controles cruzados con Bienes Personales. Pero sin una ley que lo respalde, cualquier funcionario con ínfulas de inquisidor podría levantar la alfombra. Y ahí se va toda la confianza por el inodoro.

Como dice el profesor Mario Volman, esto es una lotería jurídica. Un médico que compra ADRs y cobra dividendos queda afuera. Un empresario que factura millones en pesos y declara poco en dólares, entra como pancho por su casa. ¿Es esto equidad fiscal? No. Es la lógica de un país donde el sistema premia al que sabe moverse en la sombra.


Una vez más, el Estado quiere que confíes… sin dar garantías

“Es como cuando el carnicero te dice que la milanesa no tiene hueso. Vos le creés, pero igual la cortás antes de meterla al aceite”, bromea un contador del microcentro. Y así están todos: desconfiando, esperando, resistiendo. Porque cuando el mismo Estado que ayer te prohibía comprar dólares hoy te los pide de vuelta, el olfato del argentino se agudiza. Y huele chamuyo.


¿Argentina aprendió algo o está condenada a fracasar de nuevo?

Melconian no tiene dudas. “Esto no tiene sustancia. Es una medida de marketing sin un plan detrás”. No se trata de oponerse por oponerse, aclara. Pero sí de entender que no se sale de la crisis a fuerza de anuncios vacíos. “Hay que hacer las cosas en orden”, remata.

¿Y vos? ¿Vas a meter tus dólares en el sistema? ¿O te vas a acordar de cada vez que te los manotearon por decreto, resolución o feriado bancario? ¿Volveremos al abrazo ciego con el Estado… o esta vez, por fin, aprenderemos que en este país, el que se adelanta, pierde?