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La ilusión aspiracional y el choque con la realidad


Por María Mañe

En los tablones de los clubes se amontonan prendas importadas y también contradicciones. Mujeres que hace un año celebraban la apertura económica hoy revisan mesas buscando una etiqueta extranjera a precio de saldo. El deseo sigue siendo el mismo: parecer global, pertenecer al imaginario de la marca. Lo que cambió es la billetera.

Hay algo profundamente argentino en esa escena.

Durante años, una parte del electorado acompañó un discurso de apertura irrestricta, eficiencia de mercado y competencia total. La promesa era simple: todo sería más barato, todo sería mejor. Pero en el mientras tanto, muchas emprendedoras textiles, revendedoras independientes y pequeñas comerciantes quedaron atrapadas en una ecuación imposible: mercadería nacional más cara, clientas con menos poder adquisitivo y competencia importada sin red de contención.

El resultado es brutal: no venden, se endeudan para sostener stock, financian con tarjeta lo que antes giraba en efectivo. Y, paradójicamente, compran en ferias lo que ya no pueden producir ni revender.

La aspiración de “ser cheta” a través de una marca internacional no es nueva. Lo nuevo es la fragilidad económica que la rodea. Comprar una etiqueta reconocida no convierte a nadie en parte de una élite; apenas disimula por un rato la tensión entre ingreso y deseo.

La moda siempre fue construcción simbólica. Hoy también es supervivencia.

No es un problema de género. Es un problema estructural: cuando el modelo económico empuja a consumir lo importado y, al mismo tiempo, asfixia el circuito productivo interno, la contradicción se vuelve cotidiana.

La escena de Yankylandia no muestra frivolidad. Muestra adaptación.
Pero también expone una pregunta incómoda:

¿Qué pasa cuando el proyecto económico que se votó termina afectando el propio negocio, el propio ingreso, la propia estabilidad?

La ropa puede ser berreta o de lujo.
La tensión es más profunda: es identidad versus realidad económica.

Y esa costura, hoy, está tirante.