El escándalo del token $LIBRA sigue generando repercusiones y ha escalado a niveles impensados, involucrando incluso a líderes de otros países. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, reaccionó con ironía al episodio protagonizado por su par argentino, Javier Milei, y aprovechó la ocasión para darle un consejo financiero. «Invierte presidente, en café colombiano», escribió en su cuenta de X, agregando que su valor internacional está en alza y que su comercialización no depende de «magnates estafadores», sino del campesinado colombiano.
La polémica estalló cuando Milei promovió en redes sociales la criptomoneda meme $LIBRA, que se disparó en valor tras su respaldo, solo para desplomarse horas después. En medio del escándalo, el mandatario admitió no estar «interiorizado de los pormenores del proyecto» y borró su publicación inicial. «Luego de haberme interiorizado, decidí no seguir dándole difusión», justificó. Sin embargo, esto no detuvo las críticas ni las acusaciones de haber impulsado una estafa.
La oposición argentina reaccionó con dureza y anunció que presentará una petición de juicio político contra Milei. Lo acusan de haber promovido irresponsablemente un activo financiero de dudosa procedencia y de poner en riesgo la confianza pública. La respuesta del presidente fue fiel a su estilo combativo: «A las ratas inmundas de la casta política que quieren aprovechar esta situación para hacer daño, les quiero decir que todos los días confirman lo rastreros que son los políticos, y aumentan nuestra convicción de sacarlos a patadas en el culo».
Este episodio reaviva el debate sobre la responsabilidad de los líderes políticos en la promoción de inversiones y activos digitales. ¿Se trató de un simple error de Milei o de una jugada que salió mal? ¿Qué papel deberían tener los funcionarios en la regulación y difusión de estos mercados? Mientras la polémica sigue en llamas, los damnificados del derrumbe del token buscan explicaciones y las consecuencias políticas del escándalo aún están por verse.
