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El Molar y el sueño taurino que roza la torre Eiffel

El Molar, en la Comunidad de Madrid, ha lanzado una propuesta que mezcla osadía, identidad y marketing turístico: construir un toro bravo de acero y hormigón de 300 metros de altura, igualando la imponente figura de la torre Eiffel. La idea —impulsada por la Academia Española de Tauromaquia— incluye un mirador en los pitones, desde donde se podría divisar la Sierra de Guadarrama y hasta Guadalajara, y un complejo comercial con restaurantes y tiendas de temática taurina.

Jorge Álvarez, presidente de la entidad promotora, lo plantea como un ícono que pondría a España en el mapa turístico mundial: “El toro sería un punto de atracción que nadie olvidaría. Aporta identidad, cultura, originalidad y una oportunidad de posicionar a España con una imagen única”. El Ayuntamiento ya se mostró dispuesto a ceder los terrenos.


De Goya a la plaza actual: la sombra y la luz de la tauromaquia

La historia de las corridas de toros en España es un espejo incómodo. Francisco de Goya pintó la fiesta brava como un ritual popular cargado de violencia y belleza, captando en sus grabados no sólo la destreza del matador, sino también el espasmo mortal del toro. Con el paso de los siglos, la tauromaquia sobrevivió a guerras, dictaduras y democracias, mutando en espectáculo, negocio y símbolo cultural.

Hoy, el debate es más encarnizado que nunca: defensores que la elevan como arte y patrimonio cultural frente a detractores que la denuncian como maltrato animal incompatible con el siglo XXI. De las plazas de barro y madera a los coliseos televisados, la corrida se ha convertido en un fenómeno globalizado y, a la vez, cada vez más cuestionado.

Un toro del tamaño de la torre Eiffel no sólo sería una proeza arquitectónica, sino también un recordatorio gigante de esta contradicción histórica: un homenaje monumental a una tradición en permanente disputa.


Como dijo Salvador Dalí, que veía en el toro una fuerza cósmica y un símbolo español por excelencia:
«No hay nada más surrealista que la realidad misma… y en España, la realidad siempre embiste.»