Todos los economistas políticos serios lo saben: el modelo de Milei está condenado a ser fusilado por el mercado o por las urnas. No hay punto medio. O se le cae por falta de dólares, o se le cae por falta de votos. En Rosario y en la Ciudad de Buenos Aires, más del 50% del electorado se negó a participar, y de ese universo, sólo un magro 30% eligió al Presidente libertario, cada vez más desesperado por sostener la narrativa de un éxito que ya ni sus aliados se creen. La abstención masiva es un grito mudo de hartazgo, y la fragilidad política empieza a ser tan peligrosa como la económica. Mientras tanto, el gabinete se encierra, los dólares se evaporan y el relato empieza a crujir. La pregunta ya no es si el plan va a fallar. La pregunta es quién va a apagar la luz.
¿Qué harías vos si tuvieras que invertir de verdad en este país? ¿Pondrías un dólar más en la Argentina de Milei y Caputo, o esperarías agazapado como el gato en la cornisa?
Los últimos movimientos del Gobierno nacional —entre errores no forzados, peleas con el Congreso y confesiones en voz baja que se vuelven virales— dejaron expuesta una verdad incómoda: el modelo económico libertario está parado sobre una base endeble, sostenida apenas por una narrativa de éxito, un superávit forzado y la fe ciega en los mercados.
Esta semana, el ministro de Economía admitió en off lo que el mercado ya sospechaba: si el Congreso aprueba un puñado de leyes sociales (jubilaciones, discapacidad, moratoria y coparticipación), se cae el plan fiscal. El famoso “déficit cero” tambalea. Según él, el costo sería de 2,5 puntos del PBI. Consultoras privadas lo bajan a la mitad. ¿Quién tiene razón? Poco importa. Lo grave es que todo depende de un hilo.
Un país sin colchón
En lo concreto:
- Las reservas netas del Banco Central no alcanzan ni para cubrir un trimestre de pagos. Están en torno a los 3.750 millones de dólares, y bajando.
- El dólar oficial se mantiene estable sólo porque el Gobierno no compra divisas, sino que vende deuda para sostener el ancla cambiaria.
- La inflación baja por recesión, no por virtuosismo. Y hasta los bancos de Wall Street ya anticipan que el tipo de cambio subirá. Algunos lo ven en $1.450 en 2026.
Y mientras tanto, el relato insiste en que somos el “mejor gobierno de la historia”. Lo dicen en actos internos, sin prensa, sin oposición presente, y sin autocrítica.
Si fueras empresario, ¿te arriesgarías?
Esto no es una caricatura ni una provocación. Es una pregunta real. Si tuvieras una pyme, un fondo de inversión, un local en expansión o una planta industrial esperando una definición, ¿invertirías hoy en Argentina?
Acá van cinco razones para dudar seriamente:
- Gobierno sin mayorías y en guerra con el Congreso. La gobernabilidad está atada con alambre.
- Superávit frágil, basado en licuar jubilaciones, cortar obra pública y eliminar transferencias. Es insostenible políticamente.
- Mercado interno planchado. Caída del consumo, parálisis de créditos, deterioro del salario real.
- Incertidumbre institucional creciente. El oficialismo acusa de “golpistas” a quienes legislan. Todo es conflicto.
- El Banco Central sin reservas genuinas. Se financia con bonos, deuda y operaciones poco transparentes.
¿Y el futuro?
El Gobierno apuesta todo al corto plazo: que no se dispare el dólar, que baje un poco la inflación, que haya orden hasta las elecciones de medio término. Después, veremos. Pero si esas elecciones no salen como esperan, se viene un nuevo temblor político y económico. Y ya no habrá tanto margen para el verso.
Dicen que vendrán reformas: laborales, fiscales, del Estado. Pero también dijeron que se venía la dolarización, y hoy hasta el Presidente reconoce que no tiene cómo hacerlo. ¿Quién puede confiar?
El modelo se defiende con marketing, no con resultados
En lugar de explicar con seriedad lo que pasa, el oficialismo se refugia en actos cerrados, agasajos entre funcionarios y mensajes crípticos en redes. Pero afuera, los mercados ya empiezan a recalcular. Y adentro, los empresarios empiezan a dudar.
Argentina no necesita relato. Necesita gobernabilidad, previsibilidad, reservas, mercado interno activo y un plan productivo en serio.
Sin eso, cualquier éxito será humo. Y ningún inversor serio, con un mínimo de sensatez, va a poner plata en un país donde todo depende de que una ley no se vote o de que un off no se filtre.
¿Vos qué harías con tu capital? ¿Te animás a jugar en esta ruleta o preferís seguir viendo desde afuera?
Fuente exclusiva: Palermo Online Noticias
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