Karina Milei 1

Javier Milei ya no gobierna: sobrevive.


Javier Milei ya no gobierna: sobrevive.
Lo que alguna vez fue la promesa disruptiva de un león rugiente se transformó, en apenas siete meses, en la silueta desdibujada de un mandatario recluido, sumido —según comentan en off desde su entorno— en un estado de abulia nerviosa que lo lleva a pasar más tiempo en su habitación que en Balcarce 50. “Está medicado y cada vez más aislado”, deslizan algunos funcionarios con miedo a terminar bajo la espada de su inestabilidad emocional.

La realidad le pasó por encima como una topadora sin freno: la inflación mayorista volvió a subir, el dólar no encuentra techo pese a las súper tasas, el conflicto con las provincias escala, la Justicia le frena los decretos, y hasta los médicos del Garrahan —símbolo indiscutido de la salud pública— marchan por las calles exigiendo lo básico: sueldos dignos.

Y como si todo esto fuera poco, su compañera de fórmula lo acusa de traidor, mientras él la llama traidora en cadena nacional. Argentina, 2025: la farsa libertaria se cae a pedazos.


Un índice que habla solo

El INDEC volvió a dar malas noticias: la inflación mayorista de junio fue del 1,6%. Nada grave, dirá el economista televisivo, pero en el acumulado del semestre ya estamos en 9,2%, y el interanual da 21,2%.
Lo más preocupante no es el número en sí, sino su composición: subas en tabaco, petróleo, alimentos y autos. Es decir, lo que forma precios minoristas y lo que define el costo de vida en los próximos meses.

Sumado a esto, la inflación minorista también fue del 1,6%, y el rubro que más subió fue Educación, seguido de Vivienda y servicios. Alimentos, por ahora, contenido. Pero todos sabemos que eso dura lo que un trueno en una tormenta de verano.

A la luz de estos datos, el modelo de “déficit cero a cualquier costo” ya empieza a mostrar grietas. La política monetaria ultra contractiva, sumada a una recesión inédita, no logró su cometido: el dólar sigue escalando, los precios se recalientan, y el consumo se pulveriza.


Gobernadores con la daga bajo el poncho

El cóctel en La Rural entre Francos y los gobernadores fue el escenario perfecto para la escenificación de un presidente que ya no maneja los hilos. El jefe de Gabinete fue, escuchó, brindó, pero se fue sin nada. Las provincias ya aprobaron en el Senado la restitución de fondos y la modificación de impuestos al combustible. La Rosada responde con vetos, amenazas y… silencio.

El mensaje de los gobernadores fue claro: sin convocatoria oficial, no hay negociación. Lo que antes se resolvía en un llamado, ahora requiere de cócteles, cafés fríos y diplomacia forzada. Mientras Milei se atrinchera en su despacho, los caciques provinciales avanzan en bloque, huelen sangre, y no temen mostrar los colmillos.

Algunos, como Ziliotto, Kicillof y Quintela, ya juegan a la oposición total. Otros, como Frigerio y Cornejo, aún coquetean con los violetas, pero saben que el barco libertario hace agua por todos lados. Y los “tiempistas” como Vidal y Weretilneck, esperan agazapados que caiga el telón.


Vialidad no se toca: la Justicia frena al decretazo

El otro golpe vino desde donde más duele: la Justicia. El cierre de Vialidad Nacional, decretado a la apurada por Milei el 8 de julio, fue suspendido por una jueza que se atrevió a decir lo que nadie se animaba: el presidente no puede hacer lo que se le canta con organismos creados por ley.

Con términos duros, la magistrada Martina Forns advirtió sobre el “riesgo cierto de un daño inminente e irreparable”. Habla de traslados forzosos, vaciamientos, y despidos encubiertos. Todo eso en un organismo clave para mantener más de 40.000 kilómetros de rutas, hoy paralizadas.

Este fallo no solo frena un decreto: marca un límite institucional a un gobierno que hasta ahora venía atropellando normas, empleados y convenios como quien pasa con el auto por encima de un charco. Esta vez, se embarró.


Garrahan, barbijos y barbijuticos

La imagen de cientos de médicos marchando por Avenida de Mayo con sus guardapolvos blancos al viento es el símbolo más poderoso del colapso. No se trata de militantes, ni de piqueteros, ni de ñoquis. Son pediatras, enfermeros, residentes. Gente que hace trasplantes de médula ósea, que opera bebés con cardiopatías, que se juega la vida todos los días.

El reclamo no es ideológico, es vital: piden un sueldo digno para frenar el éxodo. Ya renunciaron 220 profesionales este año. El Garrahan, emblema de la salud pública, se desangra. Y en lugar de respuestas, el Gobierno responde con decretos para centralizar hospitales y recortar autonomías.

¿Hay algo más bajo que atacar a los que salvan vidas?


La melancolía del león

Lo más inquietante es el clima general. En pasillos oficiales, algunos ya no hablan del “Plan Milei” sino del “postmileísmo”. El gabinete flota en una extraña mezcla de cinismo, resignación y miedo. La prensa amiga empieza a tomar distancia. Las redes, cada vez menos festivas. Los empresarios, mudos.

Milei parece encerrado en sí mismo, sin plan B, sin rumbo, sin brújula. Algunos dicen que duerme poco, que está irritable, que sus arranques emocionales son cada vez más frecuentes. Otros, directamente, hablan de crisis nerviosa. Lo cierto es que hace semanas que no pisa la calle, no convoca a nadie, y vive entre Zooms y peleas internas.

El colapso no será inmediato, pero ya está en curso. Como César en los idus de marzo, Milei camina rodeado de dagas, mientras repite que tiene “el mejor equipo del mundo”. Pero ya nadie le cree.


Palermo Online como juez. El periodista como fiscal. Vos, lector, como jurado.
¿Estamos presenciando el ocaso anticipado de un experimento político que nació con gritos y está terminando con susurros de desesperación?
¿Quién se hará cargo del destrozo cuando todo caiga?

Escribinos con tu opinión a lectores@palermonline.com.ar
Seguiremos informando. Sin anestesia.