La Biblioteca de Matías Errázuriz: un rincón secreto que vuelve a brillar en el Museo Nacional de Arte Decorativo
Tras ocho meses de trabajo silencioso y meticuloso, como quien restaura una joya familiar heredada de generaciones, el Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD) reabre al público la legendaria Biblioteca de Matías Errázuriz, un espacio que alguna vez fue refugio privado de uno de los grandes bibliófilos argentinos.
Construida originalmente como cuarto de huéspedes en 1918, el propio Matías Errázuriz (padre) decidió transformarlo en su biblioteca personal, encargando la exquisita decoración mural a la afamada Casa Carlhian de París. Boiseries talladas en roble lustrado, acentos de rojo carmesí y una chimenea de mármol estilo Luis XV componen el corazón intacto de este salón, que respira un clasicismo vibrante aún hoy.
Durante años, esta sala sirvió como escondite de maravillas: incunables, libros raros del siglo XVIII al XX, catálogos compilados por figuras como Ignacio Pirovano y Manuel Mujica Láinez, donaciones de arquitectos como Héctor Ayerza, y tesoros pictóricos de artistas como Fortuny, Corot, Winterhalter y Huet. Todo ello, conservado en reservas por falta de espacio digno, hasta que la historia decidió dar una vuelta de tuerca.
De lo exclusivo a lo inclusivo: un círculo virtuoso
Lo que alguna vez fue el orgullo íntimo de los Errázuriz, reservado sólo a los ojos de una élite, hoy se abre generosamente a la mirada de todos los argentinos y visitantes del mundo. Un círculo virtuoso, dicen los que saben: lo que fue atesorado en silencio, hoy se comparte en comunidad.
Gracias al empuje de benefactores privados como Andrés Rosarios, Verónica Zoani de Nutting, Alexia Nutting y Marina Speroni Urquiza, junto al incansable equipo del MNAD, la Biblioteca volvió a su esplendor de 1918. A ellos se sumaron otros héroes silenciosos: Mauro Herlitzka, Ignacio Antelo, Thed Konings, Sinteplast y tantos otros que apostaron su tiempo, su energía y sus recursos a la defensa del patrimonio.
No se puede hablar de esta hazaña sin nombrar también a los restauradores, conservadores, fotógrafos, curadores, educadores y voluntarios, quienes con amor quirúrgico trabajaron sobre cada veta, cada libro, cada fragmento de historia. Una obra hecha a la vieja usanza, con amor por el detalle y respeto por la memoria.
El futuro también se escribe en letras doradas
Y como si esto fuera poco, el MNAD anticipa más sorpresas: pronto abrirán las puertas del Dormitorio de Josefina de Alvear, decorado hacia 1916 por André Carlhian en puro estilo Luis XVI, con cartelas neoclásicas, trumeaux y la chimenea coronada de laureles que todavía huelen a historia viva.
También se prevé la rehabilitación de los ambientes que pertenecieron a la hija de Matías Errázuriz, Josefina Errázuriz Alvear, fiel testimonio de los estilos refinados y los muebles de Jansen, los grandes ebanistas franceses. Todo en pos de reconstituir la arquitectura emocional del palacio tal como lo soñaron sus primeros habitantes.
Esta apuesta también libera espacio para que el MNAD exhiba joyas de alto valor patrimonial que dormían en depósitos. Una deuda histórica que, como todo lo bueno, se paga con paciencia y pasión.
Invitación abierta
La cita es en el Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. del Libertador 1902, CABA), desde el miércoles 16 de abril de 2025, de miércoles a domingos de 13 a 19 horas, con entrada libre y gratuita.
Porque si algo nos enseña la historia —esa maestra caprichosa que nunca repite su lección— es que el arte, cuando se comparte, deja de ser reliquia para convertirse en legado vivo.
¿Te lo vas a perder?
