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La Ciudad prohíbe la pirotecnia ruidosa

La Ciudad prohíbe la pirotecnia ruidosa: una medida necesaria, tardía y empujada por la evidencia científica

Para proteger a personas, animales y al ambiente, la Ciudad de Buenos Aires prohibió el uso de pirotecnia con efecto audible en todo su territorio. La decisión, anunciada por el jefe de Gobierno Jorge Macri, llega luego de años de reclamos vecinales, advertencias médicas y evidencia científica acumulada que ya no deja margen para la duda.

“La pirotecnia sonora afecta la salud de personas mayores, con TEA y de bebés. Además, provoca daños a los animales y al ecosistema”, sostuvo Macri. Lo cierto es que esa afirmación está ampliamente respaldada por la ciencia, aunque la medida llega tarde y más por presión social que por iniciativa política.

Impacto en la salud humana: no es sensibilidad, es neurología

Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que ruidos impulsivos superiores a los 120 decibeles —como los producidos por fuegos artificiales— pueden provocar daño auditivo inmediato, crisis de ansiedad, alteraciones del sueño y desregulación del sistema nervioso.

En personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el impacto es aún mayor. Investigaciones publicadas en Autism Research y The Lancet Psychiatry señalan que los ruidos abruptos e imprevisibles generan sobrecarga sensorial, episodios de pánico, autolesiones y regresiones conductuales. No es una molestia: es sufrimiento evitable.

En adultos mayores y bebés, la evidencia muestra un aumento de picos de presión arterial, estrés agudo y trastornos del sueño que pueden durar días.

Animales: desorientación, fuga y muerte

Según el Consejo Profesional de Ciencias Veterinarias, los animales perciben el sonido hasta cuatro veces más intensamente que los humanos. Cada año se registran en CABA y el AMBA miles de mascotas extraviadas tras eventos con pirotecnia. En fauna silvestre, el impacto es más grave: aves que abandonan nidos, colisiones, desorientación y muerte por estrés.

Un informe de la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Ciencias Veterinarias) advierte que la pirotecnia sonora genera respuestas fisiológicas extremas en perros y gatos, comparables a un estado de amenaza vital.

Ambiente: contaminación que no se ve, pero queda

La quema de pirotecnia libera partículas PM2.5, metales pesados como plomo, bario y cobre, y residuos plásticos que terminan en el aire, el suelo y los cursos de agua. Estudios del CONICET y de universidades europeas muestran picos de contaminación atmosférica inmediatamente después de celebraciones con fuegos artificiales, con efectos respiratorios medibles en la población.

Una decisión correcta, pero empujada

La Agencia de Protección Ambiental (APRA) declaró a la Ciudad “zona calma libre de pirotecnia” y prohibió los artificios con efecto audible. También se vetó su uso en eventos organizados por el sector público porteño.

Sin embargo, ya existía desde 2020 una restricción parcial alrededor de reservas ecológicas, hospitales y el Ecoparque. Ampliarla a toda la Ciudad no es un gesto de audacia política: es ponerse al día con lo que la ciencia y la sociedad vienen diciendo hace años.

La medida excluye señales de auxilio, usos de Fuerzas de Seguridad y Defensa Civil, lo que confirma que no se trata de prohibir por prohibir, sino de regular con criterio.

El punto político incómodo

Que esta decisión se presente como una novedad revela más una falta de iniciativa previa que liderazgo ambiental. Gobernar también es anticiparse, no llegar cuando el consenso ya es inevitable.

Como establece el artículo 26 de la Constitución de la Ciudad, el ambiente es patrimonio común y su cuidado es un deber. Cumplir con la Constitución no es mérito: es obligación.

La prohibición de la pirotecnia ruidosa es correcta, necesaria y respaldada por la ciencia. La pregunta que queda flotando en el aire porteño es otra:
¿cuántas decisiones más seguirán llegando tarde, cuando el daño ya fue probado y el reclamo ya no se puede ignorar?