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La industria textil vuelve a crujir

La industria textil vuelve a crujir: protesta en Parque Chas y alerta por el futuro de una marca histórica

Mientras el discurso oficial habla de orden y mercado, en una fábrica porteña los sueldos se pagan en cuotas, los despidos se multiplican y la producción nacional es reemplazada por importaciones.

Buenos Aires, — La postal se repite, pero cada vez duele más. Este fin de semana, trabajadores de la planta de las históricas marcas de lencería Cocot y Dufour protestaron frente a la fábrica ubicada en el barrio porteño de Parque Chas, denunciando despidos masivos, salarios fraccionados y un proceso silencioso de desindustrialización que amenaza con vaciar la producción local.

Según relataron los operarios, en los últimos dos meses fueron despedidos alrededor de 140 trabajadores, mientras que quienes permanecen en sus puestos cobran sueldos de aproximadamente $700.000 por jornadas de nueve horas, abonados de manera irregular, en cuotas y fuera de término. Aguinaldos, vacaciones y bonos de fin de año también forman parte de una deuda que se estira en el tiempo.

La contradicción es brutal: la fábrica sigue funcionando las 24 horas, pero el argumento empresarial es siempre el mismo: “no hay plata”.

Trabajo nacional que se apaga, importaciones que avanzan

El conflicto no se limita al reclamo salarial. En la puerta de la planta, los trabajadores advirtieron sobre un cambio estructural que va más allá de la coyuntura: la sustitución de producción nacional por insumos importados desde China, en un contexto de apertura comercial que vuelve a poner en jaque a la industria textil argentina.

“Dicen que no hay plata, pero seguimos produciendo. Las máquinas no paran y las cuentas sí llegan. En marzo empiezan los gastos de la escuela y nadie te espera”, expresó una de las trabajadoras durante la protesta.

La escena tuvo momentos de tensión por la presencia policial, desplegada para evitar cortes de calle, una imagen que ya se volvió habitual: trabajadores reclamando lo básico y fuerzas de seguridad custodiando la normalidad del ajuste.

Retiros voluntarios y achique permanente

Hoy, la planta cuenta con unos 500 operarios. Según los testimonios recogidos, la empresa impulsa retiros voluntarios como vía para seguir reduciendo personal, una estrategia que se repite en distintos sectores industriales y que suele anticipar cierres parciales o reconversiones productivas con menor empleo.

El caso de Cocot no es aislado. Es parte de un cuadro más amplio: caída del consumo, salarios licuados, apertura de importaciones y empresas históricas que sobreviven ajustando por el lado del trabajo.

La realidad que no entra en los slogans

Mientras se discute macroeconomía, déficit cero y confianza de los mercados, la realidad se mide en fábricas que pagan en cuotas, en trabajadores que pierden el empleo y en barrios que ven apagarse su tejido productivo.

Parque Chas no es un concepto económico. Es un barrio. Y lo que pasa ahí se repite en decenas de plantas industriales del país. La pregunta ya no es si la industria nacional está en riesgo, sino cuánto más puede resistir antes de ser reemplazada definitivamente por contenedores que llegan desde el otro lado del mundo.

La protesta sigue. Y con ella, una advertencia que vuelve a escucharse, aunque muchos prefieran no oírla: sin producción no hay trabajo, y sin trabajo no hay país que aguante.