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La morosidad de los hogares alcanza máximos históricos

La morosidad de los hogares alcanza máximos históricos y profundiza el debate sobre el modelo económico

La suba de la mora en los créditos familiares reabre la discusión sobre el impacto social del actual rumbo económico. El aumento del endeudamiento para gastos básicos, la caída del poder adquisitivo y la expansión del trabajo informal configuran un escenario de fuerte tensión social y financiera en la Argentina.

La economía argentina volvió a mostrar señales de fragilidad estructural tras conocerse que la morosidad de los préstamos a familias alcanzó en diciembre el 9,3%, el nivel más alto desde 2010, según datos oficiales del Banco Central. El indicador encendió alertas en el sistema financiero y reactivó el debate político sobre las consecuencias del modelo económico vigente.

El deterioro estuvo impulsado principalmente por los préstamos personales —con niveles de irregularidad cercanos al 12%— y por las líneas de crédito con garantía prendaria. El fenómeno refleja una creciente dificultad de los hogares para sostener el pago de sus obligaciones en un contexto de caída del ingreso real, encarecimiento del financiamiento y desaceleración de la actividad económica.

El dato revela una dinámica preocupante: el crédito crece, pero la capacidad de pago se debilita.

El consumo financiado como síntoma de crisis social

El aumento de la morosidad expone una transformación profunda en los patrones de consumo de los hogares argentinos. Cada vez más familias recurren al crédito para cubrir gastos corrientes, incluidos alimentos y bienes básicos, una señal que economistas interpretan como síntoma de deterioro del poder adquisitivo.

En términos económicos, el endeudamiento destinado al consumo esencial suele considerarse una señal de vulnerabilidad estructural. A diferencia del crédito utilizado para inversión productiva o adquisición de bienes durables, el financiamiento de gastos corrientes no genera ingresos futuros que permitan repagar la deuda.

El fenómeno ocurre en un contexto de reconfiguración del mercado laboral, marcado por el crecimiento del empleo informal, la expansión de trabajos temporarios y la multiplicación de ingresos fragmentados, comúnmente denominados “changas”. Este esquema implica mayor volatilidad en los ingresos familiares y reduce la previsibilidad financiera de los hogares.

La combinación entre ingresos inestables y tasas elevadas genera un escenario propenso al incumplimiento.

Un modelo económico bajo cuestionamiento

El aumento de la mora se produce en medio de fuertes cuestionamientos al rumbo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei. Sectores políticos, sindicales y sociales sostienen que las políticas de ajuste, apertura comercial y desregulación habrían profundizado la pérdida de empleo en industrias tradicionales y debilitado el mercado interno.

Las críticas apuntan a la caída del consumo, el cierre de empresas manufactureras y el impacto de la competencia importada sobre la producción local. Según esta visión, el proceso habría contribuido a la precarización laboral y al aumento del endeudamiento familiar.

Desde el oficialismo, en cambio, se sostiene que las reformas buscan corregir distorsiones estructurales, reducir la inflación y generar crecimiento sostenido a largo plazo, aun cuando impliquen costos sociales en el corto plazo.

La tensión entre ambas lecturas refleja el clima de polarización que atraviesa el debate económico argentino.

Empresas también muestran señales de tensión

El deterioro financiero no se limita a los hogares. El informe del Banco Central indica que la morosidad de las empresas también registró un leve incremento, alcanzando el 2,5%. Si bien el nivel continúa siendo bajo en términos históricos, el aumento se concentró en sectores vinculados al comercio y a la producción primaria, particularmente sensibles a la desaceleración económica.

El fenómeno sugiere que las dificultades de consumo comienzan a trasladarse a la cadena productiva.

Más crédito, más riesgo

Durante 2025 el crédito al sector privado creció con fuerza y alcanzó el 43,9% del activo total del sistema financiero. La expansión incluyó tanto préstamos a empresas como a familias, en pesos y en moneda extranjera.

Sin embargo, el crecimiento del financiamiento convive con un aumento del riesgo de incobrabilidad, lo que plantea desafíos para la estabilidad del sistema.

Aunque los bancos mantienen altos niveles de previsiones —equivalentes al 93% de la cartera irregular— la tendencia ascendente de la mora introduce un factor de incertidumbre para 2026.

El desafío económico y social hacia adelante

El incremento de la morosidad confirma un escenario de fragilidad en los ingresos de los hogares y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del actual proceso de expansión crediticia.

El desafío para la política económica será equilibrar la estabilidad financiera con la recuperación del poder adquisitivo y la generación de empleo formal. La evolución de estos indicadores marcará el rumbo del debate económico y social en los próximos meses.

La pregunta permanece abierta: ¿puede sostenerse un proceso de crecimiento financiero cuando las familias enfrentan crecientes dificultades para llegar a fin de mes?

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