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El movimiento libertario y el populismo de derecha. Opinión de Tomás Racki.

El movimiento libertario y el populismo de derecha. Opinión de Tomás Racki.

Frederick Nietzsche acuñó el término de  «;eterno retorno «; para referirse a la situación de un porvenir que siempre vuelve al mismo lugar: un devenir de la historia que a pesar de su desarrollo, siempre termina en el mismo punto. Tal como la película  «;El día de la marmota «; los argentinos se despiertan siempre en un mismo día con problemas que hace décadas no parecen tener solución.

A su vez, el hecho de actualizar, para Walter Benjamin, es evitar que el progreso devenga en la fatalidad del destino; tener una postura creativa hacia el futuro y crítica del pasado es lo que permite abrir nuevas posibilidades que eviten caer en el eterno retorno de Nietzsche. Encontrar soluciones a la inflación, la pobreza, la inseguridad, la falta de credibilidad en las instituciones es lo que debe salvarnos del nihilismo, donde todos los valores pierden su valor.

El movimiento libertario y el populismo de derecha. Opinión de Tomás Racki.

Que los valores cambien y aparezca la alternativa de un nuevo devenir, donde se puedan solucionar problemas y posiblemente aparezcan otros, nos llevaría a no caer en la fatalidad del destino. Probablemente, pueda ser en otro destino y otra fatalidad, pero también con la oportunidad de no regresar al eterno retorno. El populismo en Latinoamérica se ha caracterizado por ser parte del socialismo del siglo XXI: gobiernos corruptos que dicen gobernar en nombre del pueblo y en contra de todo lo que conspire contra aquel, siendo parte del antipueblo todo aquello que no se aferre a sus ideales.

Son parte del antipueblo los  «;gorilas «;, los medios de comunicación críticos, los jueces y fiscales que imparten justicia e investigan los actos criminales de políticos que aparentan ser parte de la plebe, pero que viven enriquecidos como el más rancio oligarca que defenestran en sus discursos. Los líderes populistas en la región han estado asociados a la izquierda. Sin embargo, el populismo también puede ser de derecha.

A veces el populismo puede traer aparejadas ciertas valoraciones positivas: pueden poner al frente de la opinión pública asuntos que se encontraban relegados, renovando de tal manera la competencia política. Lo negativo, a su vez, suele implicar que los líderes populistas socaven las instituciones, aferrándose al poder cuando son derrotados democráticamente. Así sucedió con Donald Trump en los Estados Unidos: el ex presidente del Partido Republicano reavivó el problema del déficit comercial con China, siendo su política arancelaria para con el país asiático continuada por Joe Biden.

El problema de confrontar a un  «;pueblo «; con un  «;antipueblo «; es que el líder que enuncia tal dicotomía siempre va a formar parte del  «;pueblo «;, y tal como ocurrió con Trump, será capaz de negarle el triunfo a su contrincante inventando denuncias infundadas de fraude, ya que entregarle el poder a su sucesor es atentar contra la construcción imaginaria y ficticia que se hace del pueblo como tal. Al no aceptar la derrota cuando la mayoría de la ciudadanía elige a otro candidato, se atenta contra los principios básicos de la democracia.

Andreas Schedler escribió acerca de un subtipo de populismo denominado  «;Partidos Antiestablishment «;, donde el  «;pueblo «; es la gente de a pie, y el  «;antipueblo «; es la clase política en su totalidad. Los miembros de dicho tipo de partidos siempre forman parte del pueblo, son puros y honestos como todos sus miembros, mientras que los políticos tradicionales son una elite corrupta, poco capacitada y deshonesta.

Claro está que dentro de la clase política no puede decirse que en su totalidad sea honesta, ni que en su totalidad sea corrupta. Pero el crecimiento de los partidos antiestablishment son un síntoma de que la gente está en gran parte harta de los políticos profesionales y de que estos no solucionen sus problemas.

Que aparezcan nuevos partidos con nuevas ideas posiblemente pueda ayudarnos a no caer en la fatalidad del destino ante la emergencia de nuevas soluciones y nuevos problemas. José Luis Espert y Javier Milei son casos de candidatos de partidos antiestablishment en Argentina.

A diferencia de Trump, quien se erigiera como candidato de uno de los partidos tradicionales de los Estados Unidos, emergieron como diputados por frentes nuevos y sin experiencia en la política.

Es común en sus discursos referirse a toda la clase política en su totalidad como gente corrupta e ignorante, mientras ellos se referencian como parte de la gente común. Ambos se colocaron como terceras fuerzas en sus respectivos distritos, y aunque sea común pensar que le quitan votos a Juntos por el Cambio (a tal punto de acusarlos injustificadamente de ser una  «;colectora del kirchnerismo «;), también le quitaron votos al Frente de Todos. Ambos representan no solo una alternativa liberal en lo económico sino también el hartazgo contra la clase política tradicional y la desesperanza de muchos jóvenes que ven su futuro fuera del país.

La renuncia a cobrar su dieta como diputado habla de una actitud de Milei de acercarse al pueblo y alejarse de los privilegios de los políticos que viven de sus impuestos. Ambos se catapultaron a la política a partir de su frecuente aparición en los medios de comunicación, y en el caso de Milei, su campaña se caracterizó por ser muy austera y tuvo mucho que ver con el accionar en las redes sociales y la ayuda de influencers.

Sus métodos y su idealismo sin dudas refieren a una fuerza política novedosa. Tanto Espert como Milei reavivaron temas que parecían estar prohibidos: la necesidad de una reforma laboral e impositiva y el deber de ordenar las cuentas públicas llegaron a la opinión pública con una fuerza tal que ahora son argumentos pregonados por Juntos por el Cambio, coalición que supo llegar al poder (en ese entonces era Cambiemos) sin defender la idea de hacer un ajuste y flexibilizar las condiciones laborales, y que ahora dice sin temor querer reducir el déficit para bajar impuestos, reivindicando su leve pero verdadera baja de impuestos junto a la reducción del gasto público que hubo en el período 2015-2019.

De hecho los candidatos de Juntos por el Cambio firmaron un compromiso para no avalar ninguna suba de impuestos, algo que no suele ocurrir en las elecciones argentinas, además de que Macri empezó a referirse a sí mismo como un liberal en lo que fue la campaña del 2021 (sumando a Juntos por el Cambio en la Ciudad de Buenos Aires a Republicanos Unidos, partido de López Murphy y otros liberales).

Lo negativo del movimiento libertario (cabe hablar de movimiento ya que la figura de Milei ha movilizado a mucha gente tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el interior del país) es que se concentre demasiado en una figura personalista como puede ser la de Milei, defendiendo no solo sus ideas sino también sus agresiones (el economista ha hablado de  «;aplastar «; a Rodríguez Larreta, siendo tal advertencia poco afín a las reglas de lo que es una convivencia pacífica y democrática entre las fuerzas políticas). Mientras Milei se jugó convencido a respaldar la idea de fraude en las elecciones estadounidenses denunciado por Trump (lo cual también es una incógnita acerca de su actitud frente a la democracia), Espert se despega de figuras como Trump y Bolsonaro, sin dejar de utilizar un lenguaje coloquial que lo acerque a la gente común (tal como la idea de  «;transformar en un queso gruyere a los delincuentes «;).

Combatir al populismo de izquierda con un populismo de derecha es querer intercambiar kirchnerismo por trumpismo: ideas económicas loables pero con un tono populachero, con promesas de hacer volar por los aires el Banco Central y negando los perjuicios del cambio climático, pueden servir para sacar una buena cantidad de votos pero no para construir un proyecto de país.

Si Milei, quien consiguió un destacable 17% en las elecciones porteñas, tiene la ambición de gobernar, deberá tejer alianzas. Al no integrar un bloque junto a Espert en la Cámara de Diputados descartó la oportunidad de formar un bloque más grande y con legisladores que comparten gran parte de sus ideas. Para que una tercera opción sea gobierno en 2023 debería producirse una descomposición del sistema de partidos argentino, habiendo un divorcio entre el electorado y los frentes tradicionales (Frente de Todos y Juntos por el Cambio). Teniendo en cuenta el arraigo social que tienen los dos frentes más importantes, en el corto plazo parece imposible que tal acontecimiento ocurra como sucedió en Chile, donde el sistema abandonó a los partidos tradicionales y los votos se fueron hacia los extremos.

Si el movimiento libertario es un populismo de derecha tal vez sea muy pronto para vaticinarlo. Su retórica antiestablishment los acerca a la típica dicotomía de pueblo- antipueblo, pero su compromiso hacia los principios republicanos tampoco está descartado más allá de sus posturas agresivas y personalistas. El acercamiento de Milei hacia los  «;halcones «; del Pro indican un cierto abandono de su postura ultra-confrontativa, mientras que Espert estuvo negociando con Juntos para armar un amplio frente opositor en la provincia de Buenos Aires.


En medio de las disputas infantiles y egocéntricas del radicalismo y la negativa de Milei a conformar un bloque junto a Espert, los argentinos que buscan un país distinto siguen esperando a que toda la oposición se una en base a las ideas de la libertad, la república y el capitalismo para poder salir de la decadencia.


Mientras gran parte del pueblo argentino no cree en sus políticos, ni en la justicia, ni en su moneda, y tal vez lo más peligroso de todo, en su democracia, el movimiento libertario gana adeptos que intentan poder creer en algo que les avizore un mejor futuro, al mismo tiempo que diputados bonaerenses de Juntos votan a favor de la re-reelección de los intendentes, siendo todo lo contrario a renovar las viejas costumbres de la política.

Si el 17% de Milei en CABA es extrapolable al resto del país, una hipotética alianza con Juntos por el Cambio podría decidir las próximas elecciones presidenciales así como en el 2019 fue decisiva la alianza entre CFK, Alberto Fernández y Massa.

Sería un gesto heroico para los votantes de la oposición que quieren un gobierno no kirchnerista y están alejados ideológicamente de la izquierda, que no quieren ver políticos peleando por un cargo sino patriotas que dejen sus intereses de lado por el bien de la nación (el ala dura de Patricia Bullrich es afín a incorporarlos, siendo el radicalismo y la Coalición Cívica reacios a establecer una alianza de ese tipo).

Dicha actitud, junto con la batalla cultural que se está dando en favor de las ideas de la libertad y que son enunciadas cada vez más por figuras de la política como hace mucho no se veía en la Argentina, puede ser una oportunidad para despertarnos un día en un país distinto, terminando con nuestro  «;Día de la Marmota «; y eludiendo de una vez por todas nuestro eterno retorno.

Opinión de Tomás Racki.

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