parque de la memoria

Los presentes: el Parque de la Memoria

Los presentes: el Parque de la Memoria convierte el silencio en sonido a 50 años del golpe

En la antesala de una fecha que en la Argentina no admite distracciones ni olvidos, el Parque de la Memoria vuelve a poner el cuerpo —y esta vez también el oído— en la historia. A cincuenta años del golpe cívico-militar de 1976, una instalación performática transforma el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado en algo más que piedra y nombres: lo vuelve presencia.

Del 20 al 23 de marzo, en la Sala PAyS, la obra Los Presentes, concebida por Nicolás Varchausky, propone una experiencia que desarma la lógica tradicional del homenaje. No hay discursos, no hay solemnidad rígida. Hay algo más potente: sonido, tiempo y memoria vibrando en el mismo espacio.

La propuesta es simple en apariencia, pero profundamente inquietante. Un piano, sin intérprete visible, recorre la nómina de nombres grabados en el monumento. Cada uno se traduce en un gesto musical breve, fugaz, casi como un suspiro que aparece y desaparece. No se trata de melodías reconocibles ni de una obra cerrada: es una secuencia viva, un tejido sonoro donde cada nombre deja de ser inscripción para convertirse en instante.

Ahí está el golpe. Porque lo que durante años fue leído, ahora se escucha. Y escuchar implica otra cosa. Implica quedarse, sostener el tiempo, dejar que el nombre pase por el cuerpo.

Durante el día, la instalación funciona como una vigilia abierta. De 10 a 20 horas, el público puede entrar, salir, quedarse unos minutos o varias horas. No hay recorrido obligatorio ni narrativa lineal. Cada visitante construye su propia experiencia, como quien entra a un lugar sagrado sin instrucciones.

Pero hacia el final de cada jornada, entre las 18 y las 20, sucede algo distinto. El dispositivo automático se retira y aparecen los cuerpos. Pianistas invitados toman el lugar de la máquina y ejecutan en vivo esa misma nómina. La memoria, entonces, deja de ser mecánica y se vuelve humana, imperfecta, respirada.

Por las teclas pasan figuras como Haydée Schvartz, Ernesto Jodos, Diego Schissi, entre muchos otros. No es un concierto en el sentido clásico. Es otra cosa. Es un acto de presencia.

La instalación, organizada junto al Departamento de Artes Musicales y Sonoras de la UNA y el programa de investigación en arte sonoro de la Universidad Nacional de Quilmes, plantea una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué significa recordar?

Porque recordar no es repetir fechas ni consignas. Recordar es sostener lo que falta. Es darle forma —aunque sea por un segundo— a lo que fue arrancado.

En ese sentido, Los Presentes no busca explicar la historia. Busca que se sienta. Y en tiempos donde todo compite por atención, donde la velocidad borra lo importante, detenerse a escuchar un nombre —uno solo— puede ser un acto casi revolucionario.

El acceso es libre y gratuito. Pero lo que se pone en juego ahí adentro no es liviano. No es un paseo. Es una experiencia que incomoda, que interpela, que obliga a hacerse cargo.

Y quizás ahí está su mayor valor.

En una ciudad que no siempre se da tiempo para mirar hacia atrás, esta instalación propone algo distinto: no recordar desde la distancia, sino desde la presencia. Aunque sea por unos segundos. Aunque sea en una nota que vibra y se apaga.

Porque hay nombres que no pueden quedarse en silencio.