El libro «El hombre en la encrucijada. El mural de Diego Rivera en el Centro Rockefeller», que se presentó en la Feria del Libro de Guadalajara, recorre la «batalla pictórica» que se desató en torno al mural que hizo Diego Rivera en 1932 a pedido de Rockefeller Jr. y que acabo destruido porque el artista quiso incluir la imagen de Lenin.
«Es una historia fascinante», explicó la directora de Trilce Ediciones, Déborah Holtz, que subrayó que este libro desvela «los intríngulis de una historia que conmocionó al mundo porque destruir un mural de Rivera es un desplante de poder».
La base del libro son los bocetos originales encontrados en el Museo Anahuacalli de Ciudad de México, antigua casa del artista, y que fueron restaurados. Pero también incluye «el primer papelito donde Diego pinta el primer boceto a lápiz con los numeritos de lo que le iba a cobrar a Rockefeller». Una fortuna de ese momento que ascendía a 21.000 dólares.
«Avanzado en el mural -que se iba a instalar en el Radio City Music Hall de Nueva York- Diego decide pintar la figura de Lenin en la parte derecha y cuando Rockefeller conoce sus planes le dice que no puede permitírselo porque la obra estaría en `el centro más visible del capitalismo que no podía albergar una loa a Lenin`», contó la editora.
Ante este planteo, Rivera contestó «`prefiero estar muerto que mutilar mi obra pero le propongo una salida ecuménica: ¿por qué no pintamos del otro lado a alguna especie de héroe para Estados Unidos y el mundo capitalista como puede ser Abraham Lincoln?», Finalmente, el magnate se negó, le pagó a Rivera 21.000 dólares, «un dineral para la época, y Rockefeller procede a destruir el mural», agregó Holtz.
Esta controversia dio la vuelta al mundo, incluso Diego y Frida Kahlo convocaron a un mitin el 14 de mayo de 1933 en Nueva York que culminó con una «manifestación pública» con pancartas con leyendas que decían: «Larga vida a Lenin».
«Una vez que se destruyó, Diego hizo una réplica del mural, en un tamaño menor en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Ahí no solo puso a Lenin, sino a todo el panteón marxista», añadió la editora mexicana.
Para ella, el acontecimiento «es el epítome, la confrontación ideológica de los dos grandes poderes que en aquel momento se encontraron presentados en esta `batalla pictórica`».
