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Ruidos molestos: ¿Quién apaga las alarmas en la Ciudad?

Jorge Macri y el ruido insoportable: ¿Quién apaga las alarmas en la Ciudad?

Las alarmas que no paran de sonar se han convertido en la banda sonora de una Buenos Aires abandonada a su suerte.

Palermo, como tantos otros barrios porteños, sufre el martirio de las alarmas de autos que suenan sin descanso, despertando vecinos, irritando trabajadores y recordando que el ruido en la Ciudad es un problema sin solución. Los reclamos caen en el vacío de las oficinas gubernamentales, mientras los funcionarios parecen haberse puesto tapones en los oídos. Con la llegada de Jorge Macri al gobierno porteño, los problemas se acumulan, pero las respuestas no aparecen.

El negocio del olvido

La Comuna 14, antaño referencia de gestión y urbanismo, parece haberse olvidado de sus propias funciones. Las quejas por ruidos molestos no encuentran interlocutores. Si un vecino intenta denunciar, se encuentra con un circuito kafkiano donde la burocracia gana por abandono. Llamar al 147 es una experiencia desalentadora: un contestador frío, una operadora sin respuestas y la sensación de que el reclamo termina en la papelera digital de algún despacho desierto.

Los políticos porteños viven en barrios cerrados. No escuchan las alarmas, las motos sin escape, los parlantes en la vereda o las discotecas disfrazadas de cafeterías. La Fiscalía de la Ciudad, encargada de controlar estas situaciones, se ha ganado la fama de ser un grupo de «ñoquis caros». Mientras los porteños lidian con bocinazos, alarmas y altoparlantes que gritan ofertas a todo volumen, los fiscales parecen más preocupados por su próximo almuerzo que por hacer cumplir la ley.

Un problema que nadie quiere ver

El Código Contravencional de la Ciudad prevé sanciones para los ruidos molestos, pero rara vez se aplican. Los vecinos que insisten en sus reclamos suelen recibir la misma respuesta: «No podemos hacer nada». Las multas brillan por su ausencia y los responsables siguen impunes. Como si no fuera suficiente, la desidia también se extiende a bares y locales nocturnos que funcionan fuera de toda regulación.

Mientras tanto, la gestión de Jorge Macri se muestra ausente en los problemas cotidianos. Se habla de grandes obras, de modernización y de seguridad, pero los temas que afectan el día a día de los vecinos quedan relegados al olvido. ¿Cómo es posible que una ciudad que se jacta de ser moderna no pueda regular algo tan básico como el ruido?

Cuando la paciencia se agota

El enojo de los vecinos es palpable. En varias ocasiones, la impotencia ha llevado a reacciones desesperadas. La historia de un auto vandalizado en Palermo Soho en 2018 es solo un ejemplo de lo que la falta de acción genera. Un vehículo con la alarma encendida durante horas terminó con los vidrios rotos y los fusibles arrancados. Nadie justificará la violencia, pero, ¿qué hacer cuando las instituciones se desentienden y dejan a la gente a la deriva?

Si el Gobierno de la Ciudad no toma cartas en el asunto, las tensiones seguirán en aumento. La solución no es difícil: controles efectivos, multas reales y un compromiso genuino con la calidad de vida de los porteños.

Mientras tanto, los vecinos siguen esperando que alguien, en algún despacho de la Ciudad, escuche el sonido de su propio fracaso. ¿O acaso creen que el ruido solo molesta a quienes no tienen poder?