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Volquetes en Palermo: llegan reglas más duras

La Ciudad fijó diez normas obligatorias para ordenar el uso de volquetes en la vía pública. Horarios estrictos, ubicación controlada y multas para quienes se hagan los distraídos. En los barrios, la gran duda es si ahora sí se va a controlar.

En las calles de Palermo —y en buena parte de la Ciudad— el volquete fue durante años una especie de objeto sin ley. Aparecía de un día para el otro, se quedaba más de la cuenta, se llenaba hasta rebalsar y, en algunos casos, se transformaba en un basural improvisado con nombre y apellido desconocido.

Ahora, ese desorden crónico intenta ponerse en caja.

El Gobierno porteño definió diez reglas claras para regular el uso de volquetes en la vía pública. La intención es ordenar, prevenir accidentes y, sobre todo, recuperar un poco de lógica en calles que muchas veces funcionan al ritmo del “total nadie controla”.

Horarios, ubicación y responsabilidad: el ABC del nuevo esquema

A partir de ahora, los volquetes solo podrán estar en la calle desde el lunes a las 6 de la mañana hasta el sábado a las 18:30. Nada de dejarlos el fin de semana como si fueran parte del paisaje urbano.

Tampoco podrán quedar acumulados o guardados en la vía pública. Esa postal de varios volquetes alineados esperando obra —muy común en zonas en construcción— queda formalmente prohibida.

Cada unidad deberá estar identificada con el nombre de la empresa y un teléfono visible. Y además, pintada en rojo y blanco con material reflectante. Traducido: basta de cajas oxidadas y anónimas que de noche son prácticamente invisibles.

El clásico problema: cuando el volquete rebalsa

Acá aparece uno de los puntos más sensibles.

Cuando los escombros llegan al borde, el volquete se tiene que retirar. Sin excusas. Si no pasa, la responsabilidad cae directamente sobre quien lo contrató.

Es decir, ya no es solo un problema de la empresa: el vecino o la obra también quedan en la mira. Y en un barrio como Palermo, donde las refacciones y construcciones no paran, esto pega de lleno.

Dónde sí y dónde no: se terminó el vale todo

Los volquetes deberán ubicarse en la calle, paralelos al cordón. No podrán colocarse en esquinas, rampas, sendas peatonales, sumideros ni espacios reservados.

Dicho en criollo: no más volquetes en el peor lugar posible.

Solo si no hay otra opción podrán ir sobre la vereda, pero dejando al menos 1,50 metros libres para el paso. Algo clave en una ciudad donde caminar ya es, de por sí, una especie de deporte de riesgo.

El detalle que siempre falta: el control

La normativa es clara, incluso lógica. Pero en Palermo —como en tantos barrios— el problema nunca fue la falta de reglas, sino la falta de control.

Vecinos consultados coinciden en lo mismo: los volquetes mal puestos, desbordados o abandonados no son la excepción, son la norma. Y muchas veces, hacer un reclamo es como hablarle a la pared.

La Ciudad podrá exigir el retiro de un volquete si lo considera necesario y aplicar sanciones en caso de incumplimiento. La pregunta es otra: ¿va a pasar en la práctica o queda en anuncio?

Una escena cotidiana que busca cambiar

El volquete es un símbolo menor, pero muy visible, de cómo se usa el espacio público. Ordenarlo no es solo una cuestión estética: tiene que ver con seguridad, circulación y convivencia.

En Palermo, donde conviven obras, bares, tránsito y peatones a cualquier hora, cada metro cuenta.

Las reglas ya están. Ahora empieza la parte más difícil: que alguien las haga cumplir.