Después de más de dos años clausurado, el histórico puente que une los barrios de Palermo y Colegiales fue finalmente reabierto. El sábado 30 de marzo de 2025, a las 8:54 de la mañana, el cruce ferroviario que conecta las calles Ciudad de la Paz y Soler volvió a latir, como arteria vital de una zona que respiraba con dificultad.
Un reclamo vecinal que encontró respuesta
El puente Ciudad de la Paz, cerrado desde enero de 2023 tras una evaluación estructural que encendió alarmas, fue habilitado nuevamente para el tránsito de vehículos livianos, motocicletas y peatones. Los camiones, en cambio, seguirán vedados: los limitadores de altura permanecerán en sus puestos, como centinelas de la precaución urbana.
El operativo de reapertura fue encabezado por el jefe de Gobierno, Jorge Macri, quien estuvo acompañado por el ministro de Movilidad e Infraestructura, Pablo Bereciartua. “Hablamos con los vecinos, escuchamos un reclamo de años y cumplimos”, expresó Macri, quien se mostró satisfecho con una obra que calificó como “emblemática”.
¿Obra real o maquillaje urbano? Las voces de la vereda
Si bien muchos celebraron poder volver a cruzar el puente, no faltaron los que levantaron la ceja. “Soldaron un par de fierros, taparon algunos baches y le pasaron pintura”, comentó un vecino de la calle Soler. “Esto no es una reparación seria, es maquillaje para la foto”, agregó, con tono de quien conoce cada grieta del asfalto.
Otros, más conformes, se alegran simplemente porque ahora se puede pasar sin dar vueltas kilométricas. “Ya está, al menos lo abrieron”, opinó una vecina que vive a metros del cruce. “Pero que no nos vendan humo, que digan la verdad sobre lo que hicieron”.
Y mientras las miradas se posan sobre el puente, otro tema candente prende la mecha: el contenedor de basura ubicado en Dorrego y Soler, justo enfrente del bar de la esquina. “Ese contenedor es un asco. Está siempre lleno, rebalsado, y con olor insoportable. Las ratas se pasean como si fueran habitués del bar”, se quejó un vecino indignado. “No sé cómo la gente se anima a tomar café ahí con los roedores dando vueltas. Es insalubre”.
Primera etapa concluida, segunda en camino
La intervención actual incluyó tareas de refuerzo estructural, reacondicionamiento de la calzada, reconstrucción de las juntas de dilatación y mejora de los desagües, a cargo de Autopistas Urbanas (AUSA). Pero la historia no termina acá: la Ciudad anunció una segunda etapa que contempla la construcción de una nueva estructura con un carril por sentido, pasarela peatonal y capacidad para tránsito pesado.
“El nuevo puente será más seguro, moderno y funcional”, aseguró Bereciartua. El objetivo es claro: mejorar la movilidad sin perder de vista la identidad barrial.
Los permisos, la burocracia y la Nación
El cierre en enero de 2023 respondió a una decisión preventiva tras el diagnóstico técnico. Recién hacia fines de ese año, la Ciudad logró obtener los permisos necesarios para intervenir en un área sensible: el puente se levanta sobre terrenos ferroviarios de jurisdicción nacional, bajo la órbita de la Sociedad Operadora Ferroviaria de Emergencia (SOFSE), operadora del ferrocarril Mitre.
Una ciudad en movimiento (aunque a veces chirría)
La reapertura del puente se inscribe en un plan más amplio de movilidad urbana impulsado por la administración porteña. En paralelo, Jorge Macri anunció tres proyectos ambiciosos:
- La nueva Línea F de subte, que unirá Barracas y Palermo.
- El TramBUS, un nuevo sistema eléctrico de transporte que conectará zonas clave.
- Una megaobra en Bajo Belgrano con túneles, bicisendas y miradores.
“Queremos una ciudad más conectada, más ágil y más inclusiva”, declaró Macri. Pero en las esquinas, el termómetro real lo marcan los vecinos. Y en Palermo, cuando el bar huele a basura y la vereda cruje bajo las patas de las ratas, el discurso se queda corto.
Conclusión: entre la obra y la mugre
Desde Palermo hasta Colegiales, miles de vecinos celebran el regreso de un cruce vital. Durante 26 meses, la clausura del puente obligó a desvíos incómodos, demoras y cambios en la rutina barrial. Hoy, la conexión vuelve a ser posible. Pero la reapertura, lejos de ser unánime, evidencia la tensión entre los anuncios oficiales y la realidad cotidiana.
La Ciudad necesita puentes, sí. Pero también limpieza, mantenimiento, y respeto por los espacios compartidos. Porque de poco sirve cruzar si del otro lado nos espera el desborde.
