Ajuste, despidos y tarifas sin freno: Sturzenegger quedó sin palabras ante Majul mientras crece la exclusión energética
El ministro de Desregulación no supo explicar dónde están los nuevos empleos. Al mismo tiempo, las tarifas de luz, gas y garrafas se disparan por encima de la inflación, dejando a millones en la intemperie.
En una semana marcada por la crueldad económica disfrazada de eficiencia, Federico Sturzenegger defendió en televisión la poda de 50.000 empleados estatales, pero no pudo explicar qué vino a cambio. Mientras tanto, la exsubsecretaria de Energía Cecilia Garibotti advirtió que el precio del gas envasado y las tarifas de luz y gas ya aumentaron más que la inflación. ¿Hasta dónde llegará el experimento libertario con la sociedad argentina como conejillo de Indias?
Un país que se queda sin trabajo y sin calefacción
El domingo 13 de julio quedó estampado como una radiografía perfecta del proyecto de país que lleva adelante el Gobierno de Javier Milei: desregulación brutal, ajuste sin red y abandono total del Estado como garante de derechos básicos.
En La Cornisa, el programa de Luis Majul, el ministro Federico Sturzenegger intentó defender los despidos masivos en el Estado. Según él, se trata de eliminar «ñoquis», pero no pudo decir ni cuántos empleos nuevos se generaron ni en qué sectores.
“¿Y dónde están? Si hay más desocupación hoy…”, lo interpeló Majul. Silencio. Balbuceo. Nada.
La incomodidad del ministro fue proporcional a la crudeza del ajuste: sin cifras ni datos, la defensa del modelo quedó en evidencia como un castillo de naipes sobre una mesa que se incendia.
Mientras tanto, la estufa no prende
Ese mismo día, pero en otra emisora, la exsubsecretaria de Energía Cecilia Garibotti advertía en Rivadavia AM 630 que las tarifas de servicios básicos están subiendo por encima de la inflación. Luz, gas por red y garrafas ya no solo son caras: son imposibles.
“El precio del gas envasado subió entre un 10% y un 20% en las últimas semanas”, señaló Garibotti, apuntando que el Gobierno eliminó incluso el precio de referencia que permitía al menos tener una guía. Hoy, el mercado de garrafas —vital para millones de familias sin acceso a red— es una zona liberada donde el que puede, cobra lo que quiere.
Un Estado que se borra mientras el frío avanza
“El consumidor no puede defenderse”, afirmó Garibotti. La eliminación de precios de referencia es una muestra clara de cómo el dogma libertario se impone incluso contra la lógica liberal que dice defender. Porque en cualquier sistema —hasta el más capitalista—, la transparencia de precios es clave. Pero acá ni eso.
La situación se agrava en el interior profundo: pueblos aislados, sin gas natural, donde la única fuente de energía es la garrafa. O la leña. O nada.
“Tenemos una de las mayores reservas de gas del mundo y sin embargo hay millones de personas que no pueden calefaccionarse”, remató la exfuncionaria.
La maldad como política pública
Lo que se configura no es solo un modelo económico. Es una ética del desprecio. Un gobierno que festeja despidos y deja a los hogares sin energía no está cometiendo errores. Está cumpliendo con su objetivo: destruir toda idea de lo público, todo lo que huela a comunidad, todo lo que implique que alguien no quede a la intemperie.
La frase de Garibotti —“Te la regalo después de octubre cuando quiten lo poco que queda de subsidios”— resuena como una advertencia cruda, casi apocalíptica. Lo que estamos viendo no es el final. Es solo el comienzo.
¿y ahora quién nos cuida?
Entre un ministro que no puede responder una pregunta básica y una política energética que abandona a millones, la pregunta es inevitable:
¿Qué pasará cuando el frío apriete y la heladera esté vacía? ¿Dónde estarán los empleos prometidos? ¿Quién defenderá al que no puede pagar la luz ni la garrafa?
No hay Excel que abrigue. No hay mercado que cocine un guiso.
Y no hay libertad posible sin calor en casa.
¿Hasta dónde creés que puede aguantar un país sin trabajo ni energía?
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