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Cuando el cine argentino resiste: en el mes del Cine Nacional

Mientras el presidente Javier Milei levanta la antorcha de Margaret Thatcher y se pasea por el país como un cowboy de las finanzas con motosierra en mano, los argentinos celebran lo que aún no ha podido dinamitar: su cine, su memoria y su identidad cultural. Porque si hay algo que sobrevive incluso a la motosierra más afilada es la pasión popular por contar nuestras historias. Y este mayo, dos películas se alzan como bastiones en esa resistencia cultural.

Warner Bros. se suma al Mes del Cine Nacional con una iniciativa que, paradójicamente, suena más argentina que muchas decisiones oficiales. En una jugada que apuesta al corazón cinéfilo del país, se proyectarán dos filmes esenciales del siglo XXI: El robo del siglo, de Ariel Winograd, y Un crimen argentino, de Lucas Combina.

Dos películas, dos momentos, un país que quiere mirarse al espejo

Del 15 al 21 de mayo, El robo del siglo, esa comedia policial que relata con picardía y precisión quirúrgica uno de los atracos más ingeniosos de nuestra historia reciente, vuelve a la cartelera. Francella y Peretti hacen de esta historia un festín para la memoria colectiva. Podrá verse en salas de Hoyts (Dot, Unicenter, Abasto, Moreno, Temperley, Quilmes, Rosario) y Cinemark (Tortugas y Mendoza). Una oportunidad para recordar que el ingenio criollo no solo roba bancos, también roba sonrisas y reflexiones.

Por otro lado, el jueves 29 de mayo a las 20:00, Un crimen argentino, adaptación de la novela de Reynaldo Sietecase, sube a escena en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635, CABA). En esta pieza intensa y sombría se mezcla el policial con la tragedia de un país que aún busca sus verdades enterradas. Nicolás Francella, Matías Mayer y Malena Sánchez encarnan una historia que no es solo ficción: es espejo de una sociedad atravesada por el poder, la impunidad y los silencios.

Mientras el Gobierno reduce todo a números, el cine sigue contando verdades

La contradicción es brutal y evidente: mientras el Gobierno de La Libertad Avanza decide ajustar sin contemplación el presupuesto cultural, cerrando institutos, ahogando programas y desfinanciando al INCAA, las salas se llenan de público que aplaude y se emociona con producciones nacionales. ¿Cómo se explica? Fácil: el cine argentino sigue siendo refugio y trinchera.

Recortar la cultura no es una política económica: es una amputación simbólica. Es negar las voces que cuentan lo que otros quieren silenciar. Es ponerle precio a la memoria, a la identidad, a la belleza. ¿Quién puede creer que un país se construye sólo con dólares digitales y gurúes libertarios?

Cine nacional: industria, arte y dignidad

No es solo arte: el cine es industria. Genera miles de puestos de trabajo, moviliza economías regionales, proyecta la imagen del país en el exterior. Pero también es, y esto molesta a más de uno, un espacio de pensamiento crítico. El cine incomoda. El cine denuncia. El cine emociona. Y eso no figura en ninguna planilla de Excel libertaria.

Por eso, este mayo el cine argentino no solo se celebra: se defiende. Desde las salas de los shoppings hasta el legendario Gaumont, pasando por cada pantalla chica donde una historia nacional logra hacerse un lugar.