El cuarteto fue declarado Patrimonio de la Humanidad y Argentina volvió a sonar fuerte en el mapa cultural mundial
El martes en Nueva Delhi, mientras caía la tarde sobre la capital india y el Comité Intergubernamental de la UNESCO seguía repasando candidaturas como quien revisa un viejo cancionero, una palabra conocida para los oídos argentinos se deslizó entre los expedientes: cuarteto. Y el mundo, de pronto, entendió algo que Córdoba viene diciendo hace 80 años a puro giro y zapateo.
En Buenos Aires también se sintió, como un eco que cruza rutas, sierras y autopistas: el género más popular de la Docta fue consagrado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento que lo coloca en la misma vidriera global que el tango, el filete porteño y el chamamé.
Un ritmo que nació en barrio y terminó en la UNESCO
El anuncio se dio en la vigésima sesión del Comité Intergubernamental, donde se analizaron 68 postulaciones de 78 países. En ese océano de tradiciones, el tunga-tunga cordobés se abrió paso con la fuerza de lo inevitable: es parte viva de la identidad argentina, un lenguaje que se aprende con los pies y que se transmite en fiestas, clubes, patios y verbenas desde mediados del siglo XX.
En la lógica de la UNESCO, el cuarteto no es solo música: es práctica social, ritual, encuentro, memoria colectiva y pulsión comunitaria. El patrimonio inmaterial existe donde la comunidad se reconoce a sí misma, y Córdoba hace décadas sabe quién es cuando suena un acordeón.
El Museo del Cuarteto, creado para custodiar esa historia, ya adelantó que la declaración abre la puerta a nuevos programas de preservación, archivos, investigaciones y experiencias turísticas que amplían la huella cultural argentina en el mundo.
Cómo se construyó el camino hacia el reconocimiento
El expediente comenzó a tomar forma en 2020, durante la intendencia de Martín Llaryora —hoy gobernador— y continuó bajo la gestión de Daniel Passerini. Fue un proceso largo, cargado de informes, archivos, testimonios y argumentos que buscaban demostrar lo que en Córdoba cualquiera puede explicar con una anécdota: que el cuarteto es identidad pura.
Mariano Almada, ex secretario de Cultura municipal, lo resumió con una frase que suena a declaración de época: “Esto fue liderado por Martín Llaryora, con una visión que abrazó economía naranja, turismo, recreación y pertenencia territorial”.
Llaryora, desde su cuenta de X, escribió una línea que podría quedar tatuada en la memoria colectiva cordobesa: “En Córdoba, el cuarteto no se escucha: se siente. Es una celebración de lo que somos.”
Un nuevo capítulo para la cultura argentina
Desde la Secretaría de Cultura de la Nación, la subsecretaria de Patrimonio Cultural, Liliana Barela, celebró que el país sume ya cuatro manifestaciones en la lista de la UNESCO:
- Tango (junto a Uruguay)
- Filete porteño
- Chamamé
- Cuarteto
Para Barela, la declaración es una puerta abierta al mundo: “Es un proceso largo, pero exitoso, que difunde nuestras manifestaciones hacia el exterior y promueve curiosidad y turismo. Estar en la lista es estar conectados con una cultura abierta, en diálogo con el mundo.”
Entre Buenos Aires y Córdoba, una celebración compartida
Aunque el cuarteto es cordobés hasta la médula, su consagración global vuelve a situar a Argentina en ese mapa de patrimonios que forman parte del corazón cultural de Occidente y más allá.
Y en Palermo, barrio que sabe de ritmos adoptados y apropiados, seguro más de un bar, centro cultural o peña barrial sentirá la tentación de poner un tunga-tunga para brindar por esta conquista.
Porque si algo enseña el cuarteto es que la alegría también es patrimonio.
