Se prepara para otra noche albiceleste en La Bombonera
Buenos Aires respira fútbol. Y cuando la Selección se mueve, el país entero se acomoda detrás de la pelota. Este miércoles, el equipo dirigido por Lionel Scaloni completó su segundo entrenamiento en el predio de Ezeiza con la mira puesta en el amistoso del viernes ante Mauritania. Un partido que, en los papeles, parece menor… pero que en la historia argentina nunca es simplemente un amistoso.
La jornada arrancó con videoanálisis —ese ritual moderno donde el fútbol se piensa antes de jugarse— y siguió con gimnasio, entrada en calor y trabajos específicos por líneas. Los defensores, bajo la mirada de dos apellidos pesados como Roberto Ayala y Walter Samuel, ajustaron movimientos finos. El resto, definición. Siempre definición. Porque al final del día, el fútbol sigue siendo meterla.
El cierre fue con fútbol reducido, dividido en cuatro equipos, formato torneo. Competencia interna, intensidad y algo que Scaloni no negocia: ritmo.
Un equipo que se reconstruye sin perder identidad
Todo indica que el viernes habrá titulares en cancha. Sí, incluso Lionel Messi, el capitán eterno, el tipo que convirtió a la Selección en una obra cerrada después de décadas de búsqueda.
Pero no todo está definido.
Las dudas pasan por Nicolás Otamendi y Rodrigo De Paul. Dos nombres que no son relleno: son columna vertebral del ciclo campeón. Si no llegan, los reemplazos serían Marcos Senesi y Leandro Paredes.
El posible once ya suena en los pasillos del predio:
Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristián Romero, Otamendi o Senesi, Nicolás Tagliafico; De Paul o Paredes, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Thiago Almada; Julián Álvarez y Messi.
Un mix interesante: campeones del mundo, consolidación europea y sangre nueva.
La Bombonera, escenario con historia pesada
El partido se jugará en La Bombonera, un estadio que no es neutral. Ahí la Selección no juega: late.
Y esto no es un detalle menor. Porque históricamente, Argentina creció en contextos hostiles o intensos. Desde el viejo Nacional del ‘78 hasta la consagración en Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022, el equipo se forjó en la presión, en la crítica, en la necesidad de demostrar.
Hoy el contexto es otro. Ya no se juega para “ver si alcanza”. Se juega para sostener un legado.
Comentario: lo que está construyendo Scaloni (y por qué no es casualidad)
Hay algo que se repite en la historia grande de la Selección: los ciclos que ganan, se apoyan en identidad, no en nombres.
Pasó con César Luis Menotti en el ‘78.
Pasó con Carlos Bilardo en el ‘86.
Y ahora pasa con Scaloni.
La diferencia es que este equipo entendió algo que antes costaba: ganar no es el final, es el punto de partida.
Este amistoso contra Mauritania no va a cambiar la historia. Pero sí marca algo más profundo: la continuidad de una idea. Un equipo que no se relaja, que rota sin perder estructura y que, incluso en partidos “menores”, se toma el trabajo en serio.
Porque en el fútbol —y esto lo saben los viejos de verdad— los grandes equipos no se construyen en las finales. Se construyen en estos días grises de entrenamiento, en Ezeiza, lejos del ruido.
Y Argentina, hoy, parece tener eso claro.
El viernes hay partido.
Pero más que eso, hay proceso.
Y cuando la Selección tiene proceso… cuidado.
