Étienne Souriau, el filósofo que hizo del ser una obra inacabada
Nacido en 1892, en la Francia que aún olía a tinta impresionista y a pólvora de trinchera, Étienne Souriau fue uno de esos pensadores que no se amoldaron a ninguna escuela. Mientras el siglo XX se estremecía entre guerras y revoluciones, él se dedicaba a mirar la realidad con la paciencia de un artesano, convencido de que existir es un arte. Profesor de Estética en la Sorbona, heredero del rigor de Henri Bergson y del espíritu poético de Paul Valéry, supo ver en la creación artística no una excepción del mundo, sino su modelo secreto.
Vivió entre filósofos que buscaron definiciones cerradas del ser: Heidegger, obsesionado con la pregunta por el “Dasein”; Sartre, con su libertad angustiada; Merleau-Ponty, con su fenomenología del cuerpo. Pero Souriau siguió otro rumbo, más silencioso y radical. Mientras ellos filosofaban sobre la existencia, él proponía una gramática de los modos de existir, un vocabulario para describir los distintos caminos que toma el ser al desplegarse en el mundo.
En su libro “Los diferentes modos de existencia” (1943), escrito en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la humanidad dudaba de sí misma, Souriau imaginó una cosmología plural. Allí todo —una pintura, una ecuación, una piedra o una mesa— existe a medias, en tránsito, pidiendo ser completado. No hay esencia fija ni sujeto absoluto: hay procesos, tensiones, esfuerzos de instauración. Esa palabra, “instauración”, se volvió su emblema: existir no es estar dado, sino hacerse existir, como quien esculpe su forma a través del tiempo.
Su pensamiento se adelantó a lo que décadas después llamaríamos “ontología múltiple”. En lugar de un solo mundo, Souriau propuso una pluralidad de mundos coexistentes, cada uno con su propio modo de ser: el mundo sensible, el imaginario, el técnico, el religioso, el científico. En todos, el ser acontece como una colaboración entre fuerzas, como un diálogo entre lo que hay y lo que busca ser.
Entre sus contemporáneos, se cruzó con figuras que marcaron la filosofía del siglo XX: Gaston Bachelard, con su poética del espacio; Gilbert Simondon, con su teoría de la individuación; Maurice Blanchot, con su estética del límite; y más tarde, sus ideas inspiraron a Isabelle Stengers y Bruno Latour, quienes reconocieron en él un precursor de las nuevas epistemologías de la ciencia y de la ecología del pensamiento.
Souriau fue un filósofo marginal y luminoso, ajeno al ruido de las modas intelectuales. Sus clases en la Sorbona eran más un taller que una cátedra: hablaba de colores, sonidos, máquinas y piedras con igual fervor. No pensaba el arte como imitación de la vida, sino como su espejo más honesto. Y en esa visión poética y rigurosa, el mundo entero se volvía una obra inacabada, esperando la mano paciente del artista que la habita.
Murió en 1979, discretamente, como viven los verdaderos sabios. Pero su legado —esa idea de que existir es un verbo en gerundio, nunca en pasado— sigue resonando en quienes buscan pensar sin clausurar, crear sin dominar y vivir como quien afina su propia melodía en el concierto del ser.
Étienne Souriau: el arte de existir entre la sombra y la forma
Tiempo de lectura: 6 minutos
Buenos Aires, noviembre de 2025 – La editorial Cactus reeditó en la Argentina una de las obras más singulares del pensamiento estético y filosófico del siglo XX: Los diferentes modos de existencia (1943), del profesor francés Étienne Souriau (1892-1979). Este volumen, traducido al español por Sebastián Puente y acompañado por una presentación de Isabelle Stengers y Bruno Latour, devuelve al debate contemporáneo una voz que se adelantó a su tiempo, cuando ya intuía que la realidad no era una masa compacta, sino una constelación de modos de ser en perpetuo movimiento.
El filósofo del “arte de existir”
Souriau fue profesor de Estética en la Sorbona, pero más que un teórico de las artes, fue un cartógrafo del ser. En Los diferentes modos de existencia, propuso una visión del mundo en la que todo —una pintura, una idea, una roca, un instrumento científico, incluso una persona— existe a medio camino, incompleto, en proceso de devenir. Para él, existir no era un estado, sino un trabajo continuo, un “proceso de instauración”.
“Cada existencia exige un esfuerzo —escribía Souriau—; y todo esfuerzo, por pequeño que sea, es un arte”. Así, la vida se convierte en una práctica estética: el arte de existir.
Una gramática para lo inacabado
El libro se presenta como una “gramática de la existencia”, una suerte de manual para entender los distintos materiales que componen lo real. Souriau distingue varios modos o elementos de existencia:
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Los fenoménicos, ligados a la apariencia sensible.
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Los reicos, vinculados a la cosa material.
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Los imaginarios, que viven en la mente y el deseo.
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Los posibles y los virtuales, que esperan ser actualizados.
Entre ellos hay pasajes, transiciones que constituyen la trama del ser. Y es en esos pasajes donde surge la creación: un pintor que busca su obra, un científico que tantea una hipótesis, un filósofo que persigue una idea. Todo, dice Souriau, “ya existe, pero a medio camino, como en penumbras”.
De allí nace el concepto de “sobreexistencias”, aquellas realidades de segundo grado que emergen cuando distintos modos se entrelazan y se reconocen. Una obra de arte, por ejemplo, no está solo en el lienzo ni en la mente del artista, sino en ese espacio intermedio donde ambos se encuentran.
Una cosmología para el pensamiento contemporáneo
En tiempos en que la filosofía se debatía entre el existencialismo y la fenomenología, Souriau trazó un mapa más amplio: una cosmología de la multiplicidad. Su pensamiento inspiró décadas después a figuras como Latour y Stengers, quienes ven en él una raíz temprana de la actual filosofía de la ciencia y de las ontologías múltiples.
En la introducción a esta edición, ambos subrayan que Los diferentes modos de existencia no es solo un tratado metafísico, sino una metodología para pensar la coexistencia de mundos: el científico, el artístico, el técnico, el espiritual. Cada uno tiene su modo de instauración y su exigencia de verdad. “Souriau —afirman— nos recuerda que la existencia no se posee: se cultiva”.
La obra por hacer
La reedición incluye además el artículo “Del modo de existencia de la obra por hacer” (1956), donde Souriau reflexiona sobre el instante en que una obra todavía no es, pero ya reclama serlo. Ese umbral —entre la potencia y el acto— se convierte en metáfora de toda existencia humana.
Esa “obra por hacer” puede ser una pintura, una casa, una comunidad o una vida entera. De algún modo, todos somos artistas de nuestro propio proceso de instauración.
Ficha técnica
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Título: Los diferentes modos de existencia
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Autor: Étienne Souriau
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Traducción: Sebastián Puente
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Presentación: Isabelle Stengers y Bruno Latour
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Editorial: Cactus
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Año: 2017
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Páginas: 256
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Formato: 14×20 cm
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ISBN: 978-987-3831-20-1
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Precio de venta: $270
En una época donde todo parece cerrado y definitivo, la lectura de Souriau devuelve una enseñanza profunda: existir es seguir haciendo mundo, incluso en medio de la sombra.
Y vos, ¿cuánto de tu existencia está todavía “por hacer”?
