Victoria Villarruel Y la montonera

Villarruel vs. Bullrich: ¿Quién es más fascista? La señora de misa o la ex terrorista

Se ha registrado un cruce furioso entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. La disputa, que explotó en redes sociales, dejó al desnudo una confrontación ideológica y personal entre dos figuras clave del ala más dura del gobierno libertario.

En esta historia no hablamos de mujeres científicas, ni de intelectuales brillantes, ni de artistas que iluminan la cultura nacional. No. Hablamos de dos cachivaches de derecha, devoradas por la ambición, cegadas por el poder y enfrentadas en una batalla que nada tiene de ideológica y todo de ego. Una fue montonera y ahora juega al sheriff; la otra, revisionista de la dictadura, se disfraza de constitucionalista mientras coquetea con los fantasmas de los cuarteles. Ambas hablan de patria, pero solo defienden su propio pedestal. El pueblo, mientras tanto, no las elige: las padece. El Senado se volvió un ring y Twitter su patio de chicanas. Son dos caras del mismo cinismo que ya no convence ni a sus votantes. Lo que discuten no es el país: es quién se queda con el micrófono. Ni honor, ni ética. Solo codicia y espectáculo.


¿Quién es más fascista? La señora de misa o la ex terrorista de la represión

En pleno julio ardiente, mientras el Senado debatía leyes que el oficialismo prefería enterrar, el ring de Twitter volvió a prender fuego las internas. Patricia Bullrich acusó a Victoria Villarruel de «ser cómplice del kirchnerismo destructor» por permitir una sesión pedida por la oposición. La vicepresidenta no se quedó callada y le respondió con artillería pesada: le recordó su pasado montonero y le recomendó que «repase la Constitución antes de hacerse la picante».

Lo que a simple vista parece un cruce más dentro del circo de la política argentina, en realidad revela una fractura profunda entre dos modelos de poder dentro del oficialismo: uno institucionalista, con tufo a nacionalismo conservador, y otro puramente represivo, con cara de orden pero sin doctrina.


Victoria Villarruel: la fascista con Constitución bajo el brazo

Villarruel no es una improvisada. Fundadora del CELTYV, una ONG que equipara a víctimas del terrorismo con los desaparecidos, la vicepresidenta construyó su carrera sobre un discurso de “memoria completa” que niega el genocidio estatal de la dictadura.

Se autoproclama defensora de la institucionalidad y utiliza la legalidad como escudo de su conservadurismo. Su retórica se apoya en la liturgia de las Fuerzas Armadas, el derecho romano y la fe católica. Es fría, inflexible, y para muchos, peligrosa.

En este último episodio, su defensa fue clara: “Entre otras cosas, me votaron para defender la institucionalidad y hacerla respetar, no para levantarme cuando las papas queman”. Traducido: su lealtad no está con Milei ni con Bullrich, sino con un orden más profundo y preexistente.


Patricia Bullrich: la fascista sin ideología, pero con bastón policial

Bullrich, en cambio, no tiene una doctrina: tiene un prontuario de partidos. Militó en Montoneros, pasó por el duhaldismo, el ARI y terminó liderando el PRO. Hoy, desde Seguridad, maneja la represión como si el país fuera una comisaría. Protocolos, gases, palos, detenciones preventivas. Todo con voz de hierro y sonrisa firme.

Cuando acusa a Villarruel de «ser cómplice», lo hace desde un pragmatismo brutal: si no se reprime la oposición, el sistema se le escapa de las manos. Su objetivo no es la legalidad, sino el control. Para ella, el orden está por encima del reglamento.

Pero sus contradicciones son tan explosivas como su tono: fue guerrillera, después ministra de Trabajo en los ‘90, y ahora caza zurdos con botas. ¿Quién entiende?


Una guerra de egos con aroma a bota

Ambas representan un fascismo distinto:

  • Villarruel es doctrinaria, creyente, negacionista educada, nostálgica del uniforme y de la misa de domingo.
  • Bullrich es funcional, reaccionaria operativa, sin raíces ideológicas claras, pero con talento represivo a flor de piel, ¿Es posiblemente la capo del narcotráfico exportador de Argentina hacia EEUU desde Rosario?.

Una es la que escribe el manual del orden; la otra es la que lo aplica sin leerlo.


¿Y Milei? En silencio, con la pastilla en la lengua

Mientras estas dos se sacan los ojos en público, Javier Milei observa en silencio, aislando a Villarruel de las decisiones ejecutivas pero sin bajarle el pulgar definitivo. La tensión con la vicepresidenta no es nueva: ella representa un poder institucional que el libertario prefiere ignorar, pero no puede evitar.

Bullrich, por su parte, es la espada del presidente. Pero una espada que, como vimos, corta sola y sin pedir permiso. ¿Hasta cuándo aguantará Milei esta pulseada interna entre dos mujeres que no se bancan y compiten por la jefatura del autoritarismo?


¿Quién es más peligrosa para la democracia?

La pregunta no es retórica. La democracia argentina ya demostró ser frágil ante figuras autoritarias. Lo que hoy es un cruce en X puede ser mañana una fractura institucional o una purga interna.

Villarruel parece soñar con una Argentina refundada desde la legalidad dura y sin derechos incómodos. Bullrich quiere orden por dinero fresco, pero no importa el precio ni quién lo paga.

Ambas actúan en nombre de “la gente” y “la patria”, pero lo que está en juego es quién controla la maquinaria del poder cuando el presidente empieza a naufragar en sus propios delirios.


Palermo Online como juez, el periodista como fiscal y el pueblo como jurado

¿Quién tiene razón? ¿La fascista con Constitución o la fascista con bastón? ¿Hay espacio para la democracia real entre tanto autoritarismo cruzado?

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