fuegos artificiales

Identificando Estresores

Identificando Estresores

Por la Dra. Laura Maffei (especialista en endocrinología clínica y directora de Maffei Centro Médico), autora del libro ‘Alicia en el país del estrés’

Los estresores se definen como cualquier estímulo o situación que amenace con alterar el equilibrio fisiológico. Al menos así lo determinó el Dr. Hans Selye (uno de los pioneros en el estudio del estrés) desde los años 1940. Pensándolo así, cualquier cambio (externo o interno), por mínimo que sea, provoca en mi organismo una reacción de estrés y esta reacción tiene por objetivo que mi cuerpo se adapte a esta nueva situación o cambio. Por ejemplo, si salgo de un lugar calentito y me enfrento al frío, o si entro de repente a una habitación oscura, o paso del silencio al bullicio, mi cuerpo genera una serie de movimientos hormonales y conductuales que me ayudan a ajustarme a esta nueva situación. Estos ejemplos, probablemente, sean comunes y a todos nos provoquen más o menos el mismo tipo de reacción fisiológica.

Identificando Estresores
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Pero hay situaciones que no son iguales para todos. Me acuerdo, por ejemplo, que cuando era chica me daba mucha vergüenza conocer nuevas personas, hacer nuevos amigos. A los doce años, junto a mi familia, tuvimos que mudarnos de Baradero a la gran ciudad, “la capital del país”, como decía mi papá. Eso significaba para mí cambiar de colegio. Recuerdo el terror que sentí en aquel entonces. No solo extrañaba muchísimo a mis amigos de siempre, sino que además me sentía completamente disminuida frente a mis nuevos compañeros. Las chicas de mi grado eran todas hermosas, ya se habían hecho señoritas, usaban maquillaje y la mayoría de ellas había tenido al menos un novio. Yo era una especie de escoba: flaca, alta y con un pelo incontrolable. ¿Maquillaje? Nunca se me había ocurrido pintarme la cara para correr por las calles baraderenses, trepar los naranjos, nadar en el río. En la Ciudad de Buenos Aires las reglas eran otras y mejor aprenderlas rápido si quería sobrevivir. En aquel entonces también pasé varias noches sin dormir.

Identificando Estresores
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A mi hermano le pasó completamente al revés. Estaba fascinado con las luces, los recitales, los boliches. Desde el primer momento en que entró al aula se convirtió en un héroe. Él era “el nuevo”, lleno de anécdotas interesantes. Él había domado un caballo junto a mi abuelo y eso le dejó una marca de guerra, una pequeña cicatriz en la frente que provocaba que todos preguntaran y él pudiera desplegar su gran historia. Evidentemente no a todos nos estresan las mismas cosas, pensé. Cada cual tiene sus propios animales salvajes.

Identificando Estresores
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Para que una situación se transforme en estresante tiene que cumplir, al menos, con uno de los siguientes cuatro criterios contenidos en el acrónimo “CINE”, creado por la Dra. Sonia Lupien. Ella lo había dejado claro. No es arte ni película, se trata de la sigla que enumera las condiciones para que una amenaza percibida por nuestro cerebro desencadene una reacción de estrés. Estas condiciones son: pérdida de control (C), imprevisibilidad (I), novedad (N) y amenaza al ego o autoestima (E). Son los componentes de los estresores que provocan la secreción de adrenalina y cortisol. Cuantas más condiciones se cumplan, más intensa será la reacción. Entonces los anoté y me puse a ver cómo cada uno de ellos estaba presente en mí y cómo me afectaban.

Pérdida de control (C) En el ejemplo de mi mudanza esto es muy claro. Nadie me preguntó si yo quería mudarme o no. Mis padres no me participaron en la elección del nuevo colegio. No pude controlar ninguna de las variables y me vi superada por la situación.

Otras veces sucede que esta pérdida de control es ilusoria. Quiero decir que no es real. Que es nuestra evaluación personal la que nos hace sentir fuera de control, la evaluación que hacemos acerca de nuestros recursos individuales. Quizás nos percibimos como incapaces o incompetentes para llevar adelante determinada tarea aunque no sea necesariamente así. Independientemente de esto, lo que importa es que sentimos que no tenemos el control de la situación.

Imprevisibilidad (I) En la vida actual, y en nuestro país particularmente, este es un factor muy frecuente. Estamos expuestos a una serie de imponderables de lo más variados. Desde un embotellamiento a un cambio de reglas en el sistema tributario, un corte de luz inesperado o la noticia de que las clases de nuestros hijos no van a empezar cuando esperábamos. Todos estos factores sorpresivos y repentinos se convierten en potenciales estresores porque alteran inesperadamente nuestra planificación y expectativas. De pronto no sabemos qué hacer.

Novedad (N) Mis nuevos compañeros, mis nuevos profesores, mi nuevo colegio, todo exigía en mí una nueva evaluación y por lo tanto un gasto de energía. Una sobreactividad de mi sistema de alerta, observación y atención. Volver a aprender quién era la maestra más estricta y con cuál podría relajarme. ¿Quién sería mi nueva mejor amiga? ¿En quién podría confiar? Cada cosa nueva que aparece nos desafía a revisar lo que sabemos y los recursos con los que contamos para recuperar el equilibrio.

Amenaza al ego o autoestima (E) Estamos en nuestro trabajo cumpliendo con la labor de todos los días. De un momento a otro, un compañero nos hace una observación sobre nuestro desenvolvimiento. Eso provoca una mella en nuestro ego y hace tambalear nuestra evaluación acerca de nuestras capacidades y como resultado se desmorona la confianza en nosotros mismos. Nuestro ambiente de trabajo se convierte de pronto en un bosque oscuro y nosotros en niños indefensos. Claro, a menos que tengamos la autoestima bien plantada y no se nos mezcle todo cuando nos ponen a prueba. Pero ¿quién está diez puntos en autoestima, no?

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