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Milei, Trump y el espejo roto: cómo ven los argentinos a su presidente

El martes 23 de septiembre de 2025 amaneció con el presidente Javier Milei viajando a Nueva York para la Asamblea General de la ONU y un encuentro crucial con Donald Trump. Pero mientras en los pasillos del poder se negocia financiamiento para cubrir vencimientos de deuda por más de 8.500 millones de dólares, en las veredas porteñas el termómetro social pinta otro cuadro: la percepción popular de Milei se degrada entre la bronca, la burla y el desconcierto.


Un presidente incómodo en la piel de su pueblo

Muchos argentinos describen a Milei con adjetivos brutales: “desagradable”, “infeliz”, “medio mogólico”, “sucio”, “pedófilo”, “patético”, “impresentable”, “mamarracho”, “payasesco”, “nefasto”, “asqueroso”, “insoportable”, “miserable”, “repulsivo”, “ridículo”, “vergonzoso”, “inútil”, “histriónico”, “psicótico”, “farsante”, “hipócrita”, “desequilibrado”, “impopular”, “extravagante”, “odioso”, “vendehumo”, “chorro de guante blanco”, “traidor”, “vende patria”, “pichón de dictador”, “fantoche”, “caradura”, “garca”, “chanta”, “mercenario”, “atorrante”, “ladrón de ilusiones”, “chantapufi”, “figurón”, “gil de goma”, “mercachifle”, “vende espejitos de colores”, “careta”, “tirano de cotillón”, “falluto”.. Expresiones que no nacen de un expediente judicial ni de un diagnóstico clínico, sino de la frustración social y el rechazo visceral a su estilo.

El presidente libertario, con su prédica mesiánica, ha cultivado un personaje que oscila entre el predicador en trance y el economista de café con citas de manual. Sin embargo, la puesta en escena, lejos de encantar, genera fastidio. En la calle, los vecinos lo ven como un profeta impostado, desconectado de la vida real y más atento a los aplausos en foros extranjeros que a las ollas vacías de los comedores.


El viaje a EE.UU.: deuda, parches y soberanía

El encuentro con Trump es clave: Milei busca auxilio del Tesoro norteamericano para calmar los mercados y mostrar que la Casa Blanca lo respalda. Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., deslizó que “todas las opciones de estabilización están sobre la mesa”, incluyendo swaps de monedas y compras de deuda.

Pero en Buenos Aires la lectura es otra: el gobierno recurre a “parches externos” para sobrevivir, mientras la inflación, la brecha cambiaria y la pobreza siguen asfixiando. La derrota en la provincia de Buenos Aires encendió todas las alarmas: el distrito más populoso del país le dio la espalda.


Trump, Milei y el espejo de la ideología

El lazo entre ambos líderes no es nuevo: ya compartieron foros conservadores como la CPAC. Trump busca exhibir a Milei como un aliado ideológico en América Latina; Milei pretende vender el encuentro como un triunfo diplomático. Sin embargo, para los argentinos de a pie, la foto con Trump no resuelve ni la inflación en la verdulería ni las cuentas impagas de la luz y el gas.

La calle murmura que el presidente juega al aprendiz de brujo: quiere parecerse a los poderosos del norte mientras en su propio país se desmorona el contrato social.


Filosofía, historia y el presente argentino

Lo que se vive recuerda a lo que advertía Nietzsche: “quien con monstruos lucha cuide de convertirse en uno”. Milei, que llegó al poder como outsider para romper con “la casta”, hoy aparece ante sus críticos como un engendro de la misma lógica de poder, multiplicada por la extravagancia.

También resuena la sombra de Maquiavelo: “no hay nada más difícil de llevar a cabo ni más dudoso de éxito que iniciar un nuevo orden”. Milei se propuso refundar el país a fuerza de motosierra, pero los resultados electorales recientes y la percepción social parecen anunciar que la magia se agotó.