Pasta Frola

Pasta Frola Receta 1 Palermo Viejo

Pasta Frola Receta 1

La pasta frola es más que una tarta: es un puente entre siglos, una pieza de museo que sigue caliente en la mesa. Nació con los inmigrantes genoveses que trajeron la “pastafrolla” italiana, se mezcló con la dulzura criolla del membrillo y la batata, y encontró en Buenos Aires su cancha. Hoy sigue siendo la reina de la merienda, y mañana seguirá estando ahí: en la mesa de barrio, en la confitería de siempre o en la cocina de alguien que se anima a amasarla en casa.

Pastafrola
Pasta Frola

Se acompaña con mate, café con leche, chocolatada, un té inglés o un vaso de agua para los más clásicos. Porque la pasta frola no discrimina: juega en todas las ligas. Está en cumpleaños, en velorios, en la previa de un partido, en la sobremesa familiar y hasta en reuniones de laburo donde alguien la lleva y salva la tarde.

Es el 10 de la merienda: ordena la mesa, mete gol cuando el día se pone gris y reparte juego con cada porción.


PASTA FROLA PORTEÑA DE ALTO VUELO

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Pasta Frola en la Panadería

Esta no es la típica receta: es la versión que heredó Buenos Aires, mejorada a lo bestia. La pasta frola es simple, pero cuando entendés el porqué de cada cosa se convierte en arte.

Pasta Frola de Buenos Aires

Pasta Frola de Buenos Aires 4

INGREDIENTES (10 porciones grandes, de confitería)

Para la masa:

  • 800 g de harina leudante 0000 (porque tiene la fuerza justa para que la masa quede tierna y no un ladrillo)
  • 400 g de azúcar (endulza y ayuda a dorar)
  • Ralladura de 1 limón (ese perfume fresco corta la manteca y levanta el sabor)
  • 400 g de manteca (la base de la textura: fría, para que no pierda su magia)
  • 50 g de yemas (pura untuosidad, color y estructura)
  • 2 huevos (para unir todo sin exceso de gluten)

Para el relleno:

  • 1 kg de dulce de membrillo o batata (el corazón de la receta; lo elegís según la tradición familiar)
  • Un chorrito de oporto o agua caliente para ablandar el dulce y que se funda como seda

EL RITUAL PASO A PASO

  1. La base: Cremá la manteca con el azúcar. Esto no es capricho: al batir incorporás aire, lo que le da esa miga tierna que hace que se deshaga en la boca.
  2. Los líquidos: Agregá los huevos, las yemas y la ralladura. El limón es el secreto para que la masa no empalague: un toque ácido que equilibra todo.
  3. La unión: Incorporá la harina sin amasar. No la trabajes demasiado, porque la masa se pone dura. La gracia está en tocarla lo menos posible.
  4. El frío: Llevá la masa a la heladera envuelta. Esto permite que la manteca se endurezca y no se derrita antes de tiempo.
  5. El molde: Forrá una tartera de 24 cm enmantecada. Apretá las esquinas con el dedo, así el relleno no se escapa y los bordes no se bajan.
  6. El relleno: Ablandá el membrillo o la batata a fuego bajo con un chorrito de oporto o agua caliente hasta lograr una crema espesa. Esto evita que el dulce se quiebre al cortar.
  7. Las tiras, el alma de la frola: Estirá el resto de la masa y cortá tiras de 1 cm. ¿Por qué tiras? Porque permiten que el relleno respire y caramelice un poquito en el horno. El enrejado no es solo estética: es tradición y técnica. Acomodalas en un sentido y después cruzalas. Esa cuadrícula es la firma.
  8. El horno: Precalentado a 180 °C. Cociná hasta que los bordes estén dorados. El aroma te va a avisar cuando está lista.
  9. La paciencia: Enfriá antes de desmoldar. La pasta frola se asienta al enfriarse.

EL PORQUÉ DE TODO ESTO

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Pasta Frola: sus contrincantes, los pastelitos
  • Manteca fría + poco amasado = masa quebradiza y tierna.
  • Tiras arriba = respiración y tradición: sin eso, no es pasta frola.
  • Ralladura de limón = corta lo dulce.
  • Oporto en el dulce = le da un perfume elegante y lo hace cremoso.

Así se hace la pasta frola como la de las abuelas de Buenos Aires, pero con técnica afinada. ¿El secreto final? Hacerla sin apuro. El sabor de la merienda está en los detalles.

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Pasta Frola en la alta cocina