San Benito de Palermo, solo dos cuadras. Entre Soldado de la Independencia y Av del Libertador.

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Un santo para el 4 de abril, San Benito de Palermo: protector de los pueblos. Solo dos calles tiene su nombre entre Soldado de la Independencia y Av del Libertador. Otra cargada histórica de los políticos Argentinos a un Santo tan importante. Tanto Hdp tiene calles interminables que al Santo solo le asignaron dos.




 

 

 

 






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San Benito de Palermo: protector de los pueblos de raza negra

El culto a San Benito de Palermo se realiza con mayor fervor en la Costa Oriental del Lago y en el Sur del Lago, en el Zulia, donde alcanza su máximo esplendor por la multitudinaria participación del pueblo y la esmerada elaboración del ritual.

Sus fiestas patronales tienen su momento culminante los días 27 y 28 de diciembre, y finalizan el 6 de enero.

San Benito, Patrón de Palermo, también conocido como el Moro, era hijo de negros esclavos manumisos. Nació entre 1524 y 1525 en el pueblo siciliano de San Fratello, y murió a finales del siglo XVI (1589) en la ciudad de Palermo.

Su culto se extiende actualmente por las comunidades de los descendientes de esclavos negros americanos.
Los Chimbángueles, expresión músico teatral popular con que se ofrenda al santo negro, posiblemente sean una síntesis producida en tierras venezolanas de antiguas culturas africanas de diversas y desconocidas procedencias.

Las culturas – Ewe Fon, de Dahomey (Togo, Benin), Efik, y Efok (Nigeria) e Imbangala (Angola), trasplantadas a esta región por el régimen esclavista, logran ensamblar en este rito, colmado de música frenética y danza, una manifestación auténtica que irradió la fuerza y la energía de esta tradición desde la Costa Oriental del Lago a varios lugares de Venezuela y Colombia.

Bandera que acompaña las procesiones de San Benito, su color azul es un sincretismo con la deidad Ajé, señor de las aguas azules
También, entre los Efik y Efok al sur de Nigeria, las mujeres rinden culto a una divinidad llamada Ajé, a la que exclaman alebant, alebant. Igualmente en los Ashanti, en Ghana, cada veintiún días celebraban fiestas a los Adaé o deidades.

Estos antiguos ritos africanos, de carácter inicialmente masculino, los relacionan algunos ancianos con los cantos y bailes devocionales -gaitas de tambora- que en honor a San Benito se realizan en la COL. Parte del canto chimbánguele es Ajé, Ajé San Benito, Ajé, que se entona al ritmo de los cueros.

Las gaitas de tambora, que se mantienen hasta nuestros días con múltiples variaciones, son ejecutadas esencialmente por las mujeres de esos pueblos en la madrugada del 27 de diciembre, día de San Benito. Sus ritmos, venidos de los ancestros africanos, evolucionaron, siguieron mezclándose e influyeron decisivamente – a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX en los antiguos parrandones zulianos, que han derivado en la gaita zuliana moderna.
La exposición de los Chimbángueles, que ahora presenta el Museo de América de Madrid en colaboración con la Embajada de Venezuela en España, trata de aproximar fotográficamente el complejo mundo de estos rituales en torno al San Benito de Palermo, en Venezuela.
A través de un registro fotográfico, realizado durante ocho años por el fotógrafo venezolano Luis Trujillo en los pueblos de Bobures, El Batey, Las Dolores y Ceuta, en el sur del Lago de Maracaibo, se intenta mostrar que los Chimbángueles no solo nos revelan un acontecimiento ritual, sino también una impresión estética y el testimonio de la cultura afroamericana.
Todas las comunidades visitadas sorprenden con una serie de golpes de tambor y de bailes, o con sus propias cadencias musicales de profundos significados, que exaltan hasta el paroxismo la veneración sacra, y actualmente continúan siendo el instrumento de cohesión y resistencia frente a la aculturación que la globalización impone.
En el Estado Trujillo también es venerado con mucho fervor al santo negro el 25 de Diciembre en Betijoque y localidades como Pampán y Monay. En los últimos años se ha convertido en punto de encuentro para festejar las fiestas del santo negro en las fechas 22 y 31 enero, cuando convergen los diferentes santos de los municipios del Zulia y el estado Trujillo, llegando a reunir hasta 10 chimbangles.
En el municipio Motatán, de este mismo estado se realiza cada año la popular romería, como corolario de la celebración del Aniversario de la localidad (2 de Septiembre), y durante la misma agrupaciones tamboreras de todo el estado y de regiones vecinas se dan cita y realizan un recorrido por las principales calles. Generalmente participan unas diez agrupaciones, pero se han dado casos donde este número se ha doblado.

La veneración a San Benito en esta población incluye además el toque de tambor en otras fechas, como en el propio aniversario, celebraciones aniversarias en los sectores. Existe una capilla denominada San Benito y en las iglesias católicas se incluye un altar a este Santo. También se consigue la imagen de este Santo en el Escudo de Armas oficial del Municipio, e igualmente es mencionado en la letra del Himno Oficial.

En 1589 enfermó gravemente y por revelación divina conoció el día y la hora de su muerte. Recibió los Santos Sacramentos y expiró dulcemente el 4 de abril de 1589, a la edad de 63 años, pronunciando las palabras de Jesús: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”

Pedro Manassari, más conocido como Benito de Palermo y también como Benito el Africano, el Moro o el Negro, por el color de su piel, fue un religioso italiano, nacido en San Fratello (Sicilia) en 1524. Sus padres se llamaban Cristóbal Manassari y Diana Larcari, hijos de esclavos africanos, que habían sido traídos desde África para trabajar en las plantaciones cerca de Mesina (Sicilia), pero ellos eran ya manumitidos, es decir libertos, por lo tanto Benito era también liberto nada más nacer.

En sus primeros años se ganó la vida como pastor, pero cuando ya tenía más de 20 años, conoció a un grupo de ermitaños, que vivían según la Regla  de los franciscanos y atraído por su forma de vida y las ideas que defendían, vendió lo poco que tenía y se unió a ellos, pero al cabo de un tiempo, en 1564, se publicó una disposición de la Santa Sede, por la que se  obligaba a los ermitaños a unirse a alguna orden religiosa conocida. Estos se trasladaron al Monte Pellegrino, pero Benito decidió quedarse en Palermo y unirse a los Frailes Menores del convento de Santa María de Jesús. Como ya habían oído hablar mucho de sus virtudes le recibieron con los brazos abiertos.

Al no tener estudios le pusieron a trabajar en la cocina del Convento y desde allí comenzó a extenderse más su fama, por su fervorosa piedad, su sencilla humildad y por los milagros que se le atribuían, sobre todo curaciones, tanto que cuando salía del Convento la gente se acercaba a él y lo rodeaba para besarle la mano, tocarle el hábito o encomendarse a sus oraciones.

A pesar de no ser Sacerdote, llegó a ser elegido Prior y también ejerció como maestro de novicios, pero pasados estos periodos de cargos, él siempre volvía a su cocina.

En 1589 enfermó gravemente y por revelación divina conoció el día y la hora de su muerte. Recibió los Santos Sacramentos y expiró dulcemente el 4 de abril de 1589, a la edad de 63 años, pronunciando las palabras de Jesús: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.

Fue beatificado, tras un largo proceso, por el Papa Benedicto XIV en 1743 y canonizado por Pio VII el 24 de mayo de 1807. Dicen que al exhumar sus restos su cuerpo fue encontrado incorrupto. Es recordado por su paciencia y sencillez, pero también por su buen entendimiento cuando se enfrentaba a prejuicios raciales.

Su culto se difundió  ampliamente y vino a ser el protector de los pueblos de raza negra. Es muy venerado en toda América, tanto en los Estados Unidos como en los países de Latinoamérica celebrándose en distintas fechas, de acuerdo con las tradiciones locales.

Se le suele llamar San Benito de Palermo por la ciudad en la que murió. Pero también para distinguirlo de San Benito de Nursia.

La lección que nos deja este Santo es que ante los ojos de Dios todos somos iguales, los libres, los esclavos, los negros y los blancos, los listos y los ignorantes y todos, absolutamente todos, estamos llamados a ser santos, para ello solo hace falta que nos dejemos poseer por Él.          

Historia. Parque Tres de Febrero, se llamaba Palermo de San Benito.

 

El paseo de Palermo, residencia que fue de Juan Manuel de Rosas, se llamaba Palermo de San Benito. Se cree que una capilla situada en las inmediaciones de Belgrano, demolida hace tiempo, se lo dio. Los terrenos de Palermo eran arenosos y arcillosos y para poderlos utilizar hubo que rellenarlos en su mayor parte. La construcción de la casa de Rosas se hizo en barro y argamasa, que se sacaba de Belgrano, que fue calera, terminándose la obra en 1838.


 

 

 

 






Los corredores de esta casa eran de arquerías, teniendo un baluarte en cada ángulo recto de los extremos. Manuela Rosas ocupaba cuatro habitaciones en la parte oeste del edificio. Rosas ocupaba las del este, componiéndose el mobiliario de su habitación, de una cama de bronce, un armario en la pared y sobre una estufa un gran espejo. En frente a su cama tenía su escritorio particular y en el medio de la pieza una gran mesa llena de expedientes. Dos chiffoniers de caoba, en uno de los cuales guardaba sus dineros particulares y en el otro los del Estado, completaban el decorado de la pieza. El salón de recibo estaba al oeste, abundando los espejos y muebles de caoba. En la parte sud había una capilla en la que había una imagen de la Purísima. Era su capellán un franciscano que habitaba una pieza de las del oeste con Máximo Terrero. Después de la misa de los domingos, el capellán entonaba el cántico siguiente: que los oyentes al finalizar decían, ¡Ave María!

Las cuentas de este rosario

Son balas de artillería

Que todo el infierno tiembla

En diciendo ¡Ave María!

Los pisos eran de baldosas muy limpias, los cielorrasos de madera pintada de blanco y el alumbrado se hacía con lámparas de aceite, que no tenían rival en su época. La Maestranza, ocupada por una escolta compuesta de hombres de la confianza de Rosas, la mayor parte de ellos peones de sus estancias, estaba situada donde está el cuartel de infantería en la esquina de las avenidas Alvear y Sarmiento. El campamento de la División Hernández y la Crugía estaban donde se encuentra la quinta de Varela. En el camino de Palermo, se encontraba el almacén de Roque, donde paraban las carretas que venían de San Isidro.

Un temporal de Santa Rosa arrojó sobre la costa de Palermo, frente a la propiedad de Rosas, a un barco que estaba fondeado en el canal interior, el que con la fuerza del viento cortó sus amarras yendo a encallar allí. Fue adquirido por Rosas, estableciendo en él una pequeña capilla, en la que se decía misa, habilitándose en la bodega un salón con billares, siendo a las tardes un paseo concurrido, especialmente por hombres.

 

El camino a Palermo

El camino a Palermo se encontraba muy bien cuidado y el macadám de conchilla que allí había, no ha sido superado en solidez por los actuales de hormigón. Las plantaciones, especialmente los naranjos como la demás arboleda, eran cuidadas prolijamente por una cantidad de gallegos que Rosas tenía dedicados especialmente a ello. Rosas era muy personal en el trabajo, el que verificaba en medio del humo de numerosos pebetes. Gustaba mucho de las naranjas y de los higos que se producían en su quinta. Dormía con las puertas abiertas y no tenía en su casa más gente armada que sus asistentes.

Entre los escribientes de Palermo figuraban: Mariano Beascochea, Eudoro Carrasco, Luis Fontana, Juan Antonio Argerich, Dalmiro Torres, Félix Arzac, Ricardo Sáenz, Ignacio Gallardo, Bernardo Balcarce y Alfredo Seguí, los que gozaban de muchas prerrogativas, viniendo a ser en realidad verdaderos jefes de reparticiones.

Palermo fue durante el gobierno de Rosas el punto donde se resolvían las grandes cuestiones nacionales y el sitio que frecuentaron los personajes extranjeros y nacionales que estuvieron en Buenos Aires; como fue más tarde San José en Entre Ríos cuando Urquiza dirigía los destinos del país.

Tras la batalla de Caseros, Urquiza confiscó la mansión y habitó en ella durante un corto tiempo, tras el cual el abandono provocó su rápido deterioro. Recién en 1870 el movimiento agitó la zona con la instalación del Colegio Militar y posteriormente la Escuela Naval. Pero fue Sarmiento quien definió el destino último de Palermo al inaugurar el parque Tres de Febrero el 11 de Noviembre de 1875.

El Presidente Roca selló la suerte de la casa en 1899 al ordenar volarla con dinamita.

Palermo Soho. Palermo Viejo. Palermo.

Las obras de Arte del Jardín Bótanico.

El Jardín Botánico, una joya de Palermo.

Bañista se exhibió en el Salón de 1757, obra de Étienne-Maurice Falconet en el Jardín Botánico.

El Paseo del Rosedal de Palermo: El Puente Blanco o Puente de los Enamorados.

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