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El casino de Mar del Plata: entre ojotas y recuerdos de gala

El casino de Mar del Plata: entre ojotas y recuerdos de gala

Tiempo de lectura: 5 minutos

Resumen inicial: En una Mar del Plata que alguna vez fue símbolo de elegancia y etiqueta, el casino, obra monumental de Alejandro Bustillo, se reinventa con un público diverso y un aire de cotidianeidad que despierta nostalgias y reflexiones sobre los cambios culturales.

En los primeros años del Casino de Mar del Plata, inaugurado en 1938, se promovía un ambiente de lujo y sofisticación que definía a la alta sociedad de la época. La elegancia en la vestimenta era estrictamente exigida: los trajes formales eran usados por los hombres, mientras que las mujeres lucían vestidos largos complementados con guantes y joyas. Los eventos eran animados por música en vivo, como tango y jazz, y las actividades sociales incluían cenas de gala y bailes refinados. En las mesas del casino, los juegos de ruleta y cartas eran disfrutados en un entorno exclusivo. Los tragos clásicos, como martinis y champagnes, eran servidos para acompañar la experiencia. El glamour se mostraba tanto dentro del edificio como en los paseos por la Rambla, donde se destacaba la arquitectura imponente del Casino y el Hotel Provincial. Este espacio se convirtió en un símbolo del turismo aristocrático que caracterizó a Mar del Plata en su época dorada.


Un viaje al corazón de «La Feliz»

Mar del Plata, la ciudad balnearia que encarna las vacaciones perfectas para generaciones de argentinos, sigue siendo un microcosmos donde se entrelazan historias, memorias y transformaciones. Y en el centro neurálgico de esta ciudad, entre la brisa salada del Atlántico y el murmullo incesante de turistas, se erige el casino, diseñado por el renombrado arquitecto Alejandro Bustillo. Pero, ¿qué queda de aquel emblema de distinción que exigía zapatos lustrados y vestimenta sport elegante para cruzar sus umbrales?

Hoy, la escena es otra: ojotas, trajes de baño y camisetas deportivas se mezclan sin reparo. Las luces de las máquinas tragamonedas destellan con la misma intensidad que los recuerdos de quienes, alguna vez, asocian este espacio con una experiencia exclusiva. El casino es ahora un crisol de edades, acentos y estilos, donde lo cotidiano se entrelaza con lo extraordinario.


Una arquitectura que susurra historias

Construido en 1938 como parte del complejo que incluye el emblemático Hotel Provincial, el casino de Mar del Plata fue concebido como una joya art-decó que reflejaba el auge de una Argentina moderna y pujante. Bustillo, también responsable del Banco de la Nación Argentina y otros íconos arquitectónicos, imprimió en esta obra un sentido de grandeza que contrastaba con la serenidad del paisaje marítimo.

Sin embargo, como ocurre con tantas cosas en nuestro país, los tiempos cambiaron. Hoy, el casino es más un reflejo de la diversidad argentina que un santuario de la alta sociedad. La monumentalidad de su diseño, con pisos de mosaicos que evocan épocas más formales, se convierte en el escenario de un desfile de turistas que representan todos los rincones del país, y más allá.


¿Elegancia perdida o democratización de los espacios?

El debate está servido. Algunos habitantes de la ciudad, con ojos nostálgicos, recuerdan cuando el casino simbolizaba el lujo de las clases acomodadas. Las postales en sepia de damas con vestidos largos y caballeros de traje parecen hoy tan lejanas como un tango de la época dorada. Otros, en cambio, celebran esta apertura que permite a cualquiera, sin distinción de clase, disfrutar de un espacio histórico y emblemático.

Pero, ¿qué significa esta transformación? ¿Es el casino de hoy un reflejo del espíritu inclusivo de los tiempos modernos o simplemente un indicio de que hemos perdido ciertos códigos que dotaban de magia a ciertos espacios? Tal vez, como diría Discépolo, el mundo sigue siendo una «porquería»… pero ahora con entrada libre y sin dress code.

El Casino Central de Mar del Plata es un ícono arquitectónico y cultural inaugurado en 1939, diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo. Su construcción fue impulsada durante la presidencia de Agustín P. Justo como parte de un plan para embellecer y modernizar la ciudad. Este edificio, junto al Hotel Provincial, simboliza el auge turístico de la ciudad en el siglo XX, consolidándola como el principal destino de la élite argentina. Además, se inspiró en la arquitectura neoclásica francesa y destaca por su imponente fachada y su ubicación estratégica frente al mar. A lo largo de los años, el casino ha sido un epicentro de la vida social y cultural, atrayendo a visitantes de todo el país. Entre los próceres del diseño y construcción del casino se encuentran Bustillo y otros colaboradores que marcaron la historia de la ciudad balnearia.

El NH Gran Hotel Provincial de Mar del Plata ha hospedado a numerosas personalidades destacadas a lo largo de su historia. Algunos de sus huéspedes más ilustres incluyen:

  • Dwight D. Eisenhower: El presidente de Estados Unidos se alojó en el hotel durante su visita a Argentina.
  • Paul Newman: El reconocido actor estadounidense se hospedó en el hotel con motivo del Festival de Cine de Mar del Plata.
  • Sofía Loren: La aclamada actriz italiana también fue huésped durante el Festival de Cine de Mar del Plata.
  • Freddie Mercury y la banda Queen: Durante su gira por Argentina en 1981, la banda británica se alojó en el hotel.
  • Mirtha Legrand: La destacada conductora argentina realizó algunos de sus famosos almuerzos televisivos desde el hotel.
  • Alberto Olmedo: El popular comediante argentino solía frecuentar el Salón Circular del hotel.
  • Gina Lollobrigida: La actriz italiana fue otra de las celebridades internacionales que se hospedaron en el hotel.

Estas visitas reflejan la relevancia histórica y cultural del NH Gran Hotel Provincial como un ícono de la hospitalidad en Mar del Plata.


Reflexión final

Este fenómeno no es exclusivo del casino de Mar del Plata. Los cambios en los usos y costumbres se reflejan en cada rincón del país, desde las plazas de barrio hasta los centros comerciales. Lo que alguna vez fue considerado un privilegio, ahora es parte del día a día. Y, como en toda transformación social, surgen preguntas fundamentales: ¿Qué perdemos y qué ganamos al democratizar espacios históricos? ¿Es posible mantener el equilibrio entre inclusión y respeto por la memoria cultural?

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