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Pizza con champagne.

Pizza con champagne.

No cualquier presidente deja marcada una década a fuego y además deja su impronta en la gastronomía popular. Solo los grandes dejan tantas marcas en una sociedad. Queramos o no «El Carlos» nos dejó un clásico de clásicos de las 19 hs.

“Pizza con champagne” fue una definición de gustos gastronómicos, estilos políticos, tendencias culturales, que definía en un plato y una bebida. Todo muy Argentino. Pizza con champagne. terminó en la peor crisis política y económica de todos los tiempos. La la biblioteca neoliberal se terminó de derrumbar con la mentira del dólar 1 a 1. Nadie pidió perdón.

“Pizza con champagne”

“Pizza con champagne” fue una definición de gustos gastronómicos, estilos políticos, tendencias culturales que definía en un plato y una bebida al peronismo privatizador de los noventa. También hay champagne. Y también es un símbolo de la clase media recuperada y sedienta de mostrar que no se cayó en la crisis. Pizza con champagne, una fórmula para denominar los años fáciles de las importaciones baratas y la maquinita de producir dólares a granel. La pizza de siempre, pero acompañada de burbujeante francés. Imagen y caricatura de la burguesía de los años noventa.

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Fue por los ´90 en que se impuso como moda el comer pizza con champagne y esto tomado como algo de “grasas con plata” -gente de clase baja que ha accedido al poder y al dinero rápidamente.

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¿Pizza y champán juntos? ¡SÍ! El champán tiene una variedad de sabores, desde afrutado, floral, terroso, a nuez, tostado, con levadura, hasta miel. Agregue las burbujas efervescentes, la acidez agria y el bajo contenido de alcohol en general, todo combinado para crear un vino versátil para maridajes, incluso pizza.

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Los mejores champagnes para un brindis especial

Dom Pérignon, Rosé, 2005. Dom Pérignon, el Champagne creado en 1936 por la casa Moët et Chandon como homenaje a la figura emblemática de los vinos de esta zona, es la cuvée «de prestigio» más célebre del mundo. …
G.H Mumm, Cordon Rouge.
Krug Rosé.
Grand Siècle de Laurent-Perrier.

Las 10 mejores pizzerías en Buenos Aires

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Banchero.
Güerrin.
Angelín.
Las Cuartetas.
La Mezzetta.
Kentucky.
Los Inmortales.
El Palacio de la Pizza.

Nuevos ricos a costa de la política menemista. Era un símbolo de los festejos de la familia menemista

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“Pizza con champagne” surgió en los 90 en que luego de una reunión de gabinete y allegados que duró hasta tarde, Menem pidió que fueran a buscar unas pizzas para ofrecer a los presentes. Y desde luego que el champagne era una bebida obligada, por eso quedó como símbolo de ese gobierno.


Las reuniones que hacía el presidente menem en esa época se decía que comían eso mientras el resto de la gente se moria de hambre, después la usaron los que pudieron hacer dinero en esa época como referencia a su nivel social… pizza y champagne.










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UNA HISTORIA REAL DE LOS 90
La Caída de la Dinastía de «El Carlo»

En las sombras de un legado familiar, la historia de «El Carlo» y su fábrica de sueños rotos se teje con hilos de ambición y desilusión. La empresa, que una vez fuera el orgullo de su abuelo, un emprendedor visionario de la posguerra, había prosperado bajo su dirección, convirtiéndose en un referente de la industria local. Sin embargo, la llegada de Carlos «El Carlo» Neto al mando marcó el principio del fin de este legado.

«El Carlo», criado entre lujos y cuentos de un pasado glorioso, heredó la dirección de la empresa sin la pasión o la prudencia de su abuelo. Con las historias de «pizza con champagne» resonando como un eco de tiempos de bonanza económica, «El Carlo» miró hacia horizontes más allá de las fronteras nacionales, seducido por la promesa de las importaciones baratas y la desregulación económica.

La transición de la manufactura a la importación fue abrupta. «El Carlo» veía esto como un paso inevitable hacia la modernización y la competitividad. Argumentaba que el mundo estaba cambiando y que debían adaptarse para sobrevivir. Pero bajo su gestión, lo que realmente sucedía era una reducción de costos a expensas de la calidad y la sostenibilidad del empleo local.

La fábrica, antaño llena de vida, comenzó a desmoronarse poco a poco. Las máquinas, que en tiempos de su abuelo nunca se detenían, ahora acumulaban polvo. Los trabajadores, que habían dedicado años e incluso décadas de su vida al taller, fueron testigos de cómo su lugar de trabajo se convertía en un cascarón vacío.

Cuando llegó la hora de anunciar el cierre definitivo de la planta, «El Carlo» convocó a una reunión con todos los empleados. Con una mezcla de arrogancia y desdén, declaró que la culpa del colapso recaía sobre el delegado sindical, a quien acusó de fomentar un ambiente de confrontación y resistencia al cambio. Según «El Carlo», este hombre había impedido cualquier intento de reforma y modernización con sus constantes quejas y demandas irrazonables.

La noticia cayó como un balde de agua fría sobre la comunidad. Algunos, especialmente aquellos que habían sido seducidos por las promesas de «El Carlo», dirigieron su frustración hacia el delegado. Otros, sin embargo, vieron en «El Carlo» la verdadera cara de la traición, un hombre que había sacrificado el legado de su abuelo y el bienestar de sus trabajadores por una ganancia personal efímera.

El delegado, firme en su posición y apoyado por los más leales, organizó protestas y llamados a la acción, no solo para luchar por los derechos de los trabajadores despedidos, sino también para preservar la memoria y el respeto por lo que la fábrica había representado para la comunidad.

Mientras tanto, «El Carlo» continuaba su vida de lujos y excesos, ajeno a la desolación que había dejado atrás, un símbolo viviente de cómo la era del «pizza con champagne» podía convertirse en un amargo recuerdo de decadencia y pérdida para aquellos que fueron dejados en el camino.