Por una cabeza. Alfredo Le Pera unido al de Carlos Gardel.
Periodista, autor y crítico teatral, traductor y guionista cinematográfico, poeta. Socio artístico y comercial de Carlos Gardel. Al margen de los encuentros frugales en Buenos Aires, Gardel y Le Pera fueron cimentando poco a poco proyectos conjuntos en Europa.
Se trata de uno de los tangos clásicos de Carlos Gardel. Su letra hace referencia a las carreras de caballos y al fanatismo que se crea en torno a estas competencias y sus apuestas, y también un paralelismo con las relaciones con la mujer y la vida. La expresión «por una cabeza» es una expresión usada en la jerga hípica rioplatense, donde de los caballos que ganan las carreras de modo muy ajustado se dice que ganan por una cabeza (o por varias), usada como medida de referencia.
Por una cabeza
Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar,
y que al regresar
parece decir:
No olvidés, hermano,
vos sabés, no hay que jugar.
Por una cabeza,
metejón de un día
de aquella coqueta
y risueña mujer,
que al jurar sonriendo
el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera
todo mi querer.
Por una cabeza,
todas las locuras.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.
Cuántos desengaños,
por una cabeza.
Yo juré mil veces,
no vuelvo a insistir.
Pero si un mirar
me hiere al pasar,
su boca de fuego
otra vez quiero besar.
Basta de carreras,
se acabó la timba.
¡Un final reñido
yo no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero.
¡Qué le voy a hacer..!
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Alfredo Le Pera Sorrentino (São Paulo, Brasil, junio de 1900 (existen controversias sobre el día) – Medellín, Colombia, 24 de junio de 1935) fue un letrista, escritor y periodista argentino autor de la letra de los más conocidos tangos cantados por Carlos Gardel. Respecto a su nombre real y fecha de nacimiento, existe también la versión de su hermano, el Dr. José Le Pera, quien afirmó que se llamaba Alfredo Alfonso de Paula Le Pera y que había nacido el 6 de junio. Dicha información no concuerda con el acta de nacimiento, en la que consta «Alfredo» como único nombre, nacido el 7 de junio a las 22:30.
Alfredo Le Pera Sorrentino
Cuando Carlos Gardel
Cuando Carlos Gardel hubo de viajar a Francia contratado por la filmográfica Paramount sita en Joinville, se vio necesitado de reunir un núcleo de colaboradores, con la desventaja de que ya no se encontraban en París el experimentado Manuel Romero ni los artistas argentinos agrupados en la compañía de revistas del porteño Teatro Sarmiento. Gardel acudió a su amigo Edmundo Guibourg, quien le sugirió el nombre del letrista Alfredo Le Pera.
Alfredo Le Pera
El nombre de Alfredo Le Pera está tan unido al de Carlos Gardel que invariablemente selo menciona en todos los trabajos especializados sobre el cantor. Sin embargo suelen aparecer diferencias en cuanto a la fecha de su nacimiento, citándose el 4 o el 6 de junio del año 1900 o 1904, según los distintos autores, y hasta se suele mencionar una inscripción posterior en el Registro Civil de Buenos Aires.
Por lo tanto, es importante aclarar que la llegada al mundo del brillante poeta se produjo el 7 de junio de 1900 y que fue inscripto al día siguiente, según consta en la certificación de su nacimiento expedida el 9 de marzo de 1994 por el Registro Civil de San Pablo y que dice:
República Federativa del Brasil
Estado de San Pablo
ARCHIVO DEL REGISTRO CIVIL – 7mo. Subdistrito – Consulado
Calle Maceió 77
Bel. Aldegar Fiori
Escribano.
CERTIFICADO DE NACIMIENTO
Certifico que a fojas 92v° del libro A 26, bajo el número de orden 635, fue labrada el acta de nacimiento de ALFREDO, nacido el siete de junio de mil novecientos (07/06/1.900) a las 10 horas y 30 minutos (de la noche) en esta capital, de sexo masculino, hijo de Alfonso Le Pera (italiano) y de Doña María Sorrentino. Son abuelos paternos Domenico Le Pera y Doña Giuseppa Aversente y abuelos maternos Luigi Sorrentino y Doña Sabata Mureno. Fue declarante el padre.
Inscripción labrada el 8 de junio de 1900”.
Al pie, leemos “Consulado – San Pablo, 09 de marzo de 1994”, firma y sello del oficial Antonio Pelegrini.
De la Partida, escrita de puño y letra, y con fragmentos dificultosamente legibles, traducimos:
“A los ocho días del mes de junio de mil novecientos, en esta ciudad de San Pablo (…) comparece Alfonso Le Pera (…) que teniendo el nombre de Alfredo, hijo legítimo del declarante y de (…) María Sorrentino, italianos, casados en Buenos Aires hace trece años. Siendo los abuelos paternos del recién nacido Doménico Le Pera y Doña Giuseppa Aversente y (los abuelos) maternos Luiggi Sorrentino (fallecido) y Doña Sabata.
La canción «Por una cabeza» se ha utilizado en varias ocasiones en cine y televisión. Entre otras:
Cine
Scent of a Woman, a cuyo compás baila el ciego coronel retirado Frank Slade (Al Pacino) con la joven Donna en una escena.
La lista de Schindler
Delicatessen
Mentiras verdaderas, al principio y al final.
Todos los hombres del rey
Frida, en la que se oye al mismo Gardel cantándola en la radio.
Bad Santa
Planet 51
Los falsificadores, en versión de Hugo Díaz
Easy Virtue
Desnudo
Televisión
En el episodio 12 de Dream High 2, serie de Corea del Sur.
Scent of a Woman; varios episodios, serie de Corea del Sur.
Best Love, episodio 7, serie de Corea del Sur.
CSI: Nueva York, episodio 76, quinto capítulo de la cuarta temporada, «Down the Rabbit Hole».
Sweet Spy, episodio 9 de esta serie.
Nip/Tuck, episodio 37.
La Casa de Papel, episodio 1 de la Segunda Parte.
I’m Sorry, I Love You, al comienzo y al final de los créditos de esta serie.
Aşk-ı Memnu, novela turca, conocida como «Amor prohibido». Año 2008. Bihter y Behlul bailan esta canción en la fiesta de aniversario de Bihter y Adnan.
Gardel murió junto con Alfredo Le Pera en un accidente en avión en el año 1935. Debido a que ambos autores fallecieron en esa fecha, y pasados 72 años del suceso, según el artículo 5* de la ley 11.723 de Argentina (sustituido por el art. 1* de la ley 24.870):
Art. 5º – La propiedad intelectual corresponde a los autores durante su vida y a sus herederos o derecho habientes, durante setenta años más. En los casos de colaboración debidamente autenticada, este término comenzará a correr desde la muerte del último coautor; El 1 de enero de 2006, por esta razón «Por una cabeza», su música y su letra, y las obras conjuntas de ambos autores pasaron a dominio público.
Gardel y la tragedia del 24 de junio
Con los años fue incursionando en el tango y volviéndose el máximo exponente en el género. Para 1923 solicitó la nacionalidad argentina y comenzó a viajar por el mundo, llevando a la música rioplatense a lugares impensados. A fines de la década del 20 era toda una celebridad en Europa e incluso probó suerte en el cine.
Escándalo
Charles Romuald Gardes nació el 11 de diciembre de 1890, en la ciudad francesa de Toulouse. Los datos sobre sus primeros años son confusos ya que hay otra teoría que afirma que nació en Uruguay, lo cierto es que desde -por lo menos- 1893 se instaló en Buenos Aires junto a su madre, Marie Berthe Gardes.
Gardel: la tragedia de Medellín y el manejo siniestro con su velorio
El detrás de escena del último adiós del cantante, usado como una jugada política del gobierno de facto en medio de denuncias por corrupción.
Mientras su carrera no conocía techo, un gobierno de facto derrocó al entonces presidente Hipólito Yrigoyen en septiembre de 1930. Gardel, como muchos ciudadanos en aquella época, mostró su apoyo al golpe grabando el tango «¡Viva la patria!». Lo que no sabría es que cinco años después, el mismo grupo de militares utilizarían su imagen para tapar un escándalo de corrupción en el Senado.
Gardel murió el 24 de junio de 1935 en Medellín, Colombia, sobre la pista del aeropuerto Olaya Herrera. El avión en el que viajaba El Zorzal se desvió al momento del despegue y embistió a otro que esperaba su turno para despegar, además de él murieron 16 personas. La principal hipótesis fue una falla mecánica.
Para ese momento la noticia pasaba por la denuncia del senador Lisandro de Latorre, quien impulsó una comisión investigadora que revelaría la trama secreta de corrupción que incluía a los frigoríficos Amour, Anglo y Swift y a los ministros de Hacienda, Federico Pinedo, y Luis Duhau, de Agricultura. La misma demostró que no pagaban impuestos, no era inspeccionados e incluso se había ocultado documentación incriminatoria.
Agustín P. Justo, entonces presidente de facto, decidió llamar a Natalio Botana -dueño del diario más leído por ese entonces: Crítica- quien le sugirió utilizar la figura de Gardel para desviar la atención y repatriar sus restos. Pero la tarea no sería nada sencilla porque Colombia prohibía exhumar un cadáver que no llevara hasta cuatro años muerto, por lo que se debió iniciar conversaciones con el presidente, Alfonso López.
Doña Berta, madre del Morocho del Abasto, había dado el visto bueno para que sus restos descansen en Buenos Aires y no en Montevideo, iniciándose los trámites del traslado. Botana, por otro lado, publicó un sinfín de especiales en su diario que hizo olvidar el escándalo en el Senado y la denuncia de de Latorre y que terminó con la muerte de su mano derecho, Enzo Bordabehere el 23 de julio de ese año.
El ataúd partió en diciembre de Medellín, primero fue llevado a Panamá y luego a Nueva York donde fue velado durante enero de 1936. Luego pasó por Río de Janeiro y Montevideo donde se le rindieron homenajes, llegando finalmente a Buenos Aires el 5 de febrero.
El hombre que «canta cada día mejor» fue velado en el Luna Park y una multitud acompañó su cuerpo por Avenida Corrientes, aquella que lo maravilló de chico, hasta el Cementerio de la Chacarita donde permanece en la actualidad.
Contexto Socioeconómico
«Por una cabeza» es una obra que, a través de sus metáforas y narrativas personales, ofrece una visión profunda sobre las tensiones socioeconómicas de su tiempo. A través de la dualidad de las apuestas y el amor, Gardel y Le Pera capturan la esencia de una sociedad que lucha por encontrar estabilidad y esperanza en medio de la incertidumbre y el riesgo.
- La metáfora del caballo y las apuestas:
- El noble potrillo que «justo en la raya afloja al llegar» simboliza las esperanzas y frustraciones de quienes invierten tiempo y dinero en las carreras de caballos, una actividad popular entre diversas clases sociales en Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XX. Las carreras de caballos eran no solo una forma de entretenimiento, sino también una posibilidad de ascenso económico rápido, aunque riesgoso. La figura del apostador que pierde en la recta final refleja las vicisitudes y las ilusiones rotas de la clase trabajadora y media que buscaba mejorar su situación financiera a través del azar.
- El amor y las relaciones sentimentales:
- La mención de «aquella coqueta y risueña mujer» que «al jurar sonriendo el amor que está mintiendo» pone de relieve la inestabilidad y la efímera naturaleza de algunas relaciones amorosas. Esto puede reflejar la búsqueda constante de estabilidad emocional en un contexto socioeconómico que ya es incierto. Las relaciones sentimentales se muestran como otra forma de apuesta, donde las emociones y los recursos personales están en juego.
- La desesperación y el escapismo:
- «Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura.» Aquí, el protagonista encuentra en el amor un escape de sus penas y fracasos. En términos socioeconómicos, esto puede interpretarse como el uso del placer y las relaciones personales como formas de evadir las dificultades económicas y sociales.
- El ciclo de desilusión y esperanza:
- «Cuántos desengaños, por una cabeza. Yo juré mil veces, no vuelvo a insistir.» Esta parte resalta la persistencia de la esperanza a pesar de las repetidas decepciones. En una sociedad con escasas oportunidades de movilidad social, la repetida apuesta en las carreras de caballos y en el amor simboliza el ciclo de ilusión y desilusión experimentado por muchos que buscan una mejora en sus condiciones de vida.
- La crítica a la dependencia del azar:
- «Basta de carreras, se acabó la timba. ¡Un final reñido yo no vuelvo a ver!» Aquí se expresa el deseo de abandonar la dependencia de las apuestas y el azar. Sin embargo, la última línea revela la contradicción interna del protagonista: «Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero. ¡Qué le voy a hacer..!» Esta línea subraya la dificultad de escapar de la esperanza de un golpe de suerte, reflejando una crítica a la dependencia del azar como medio de ascenso económico en lugar de la inversión en esfuerzos más estables y seguros.
Y hay algo más, algo que suele quedar afuera de las notas rápidas, de los titulares urgentes y del vértigo informativo: el modo en que la figura de Gardel sigue operando como un espejo incómodo de la Argentina, una especie de fantasma elegante que vuelve cada vez que el país entra en crisis, como si su voz fuese un refugio pero también una advertencia sobre los ciclos que nunca terminan de cerrarse.
Porque Gardel no fue solo un cantante ni un mito congelado en la sonrisa perfecta del bronce, sino un producto cultural profundamente atravesado por su tiempo, por las tensiones políticas, económicas y sociales de una Buenos Aires que crecía desordenada, desigual y ambiciosa, donde el ascenso social parecía posible pero siempre al borde del derrumbe.
En ese sentido, su historia dialoga de manera brutal con la Argentina actual, donde la ilusión del progreso sigue conviviendo con la precariedad estructural, donde el mérito muchas veces queda atrapado entre estructuras rígidas y decisiones políticas que no terminan de resolver lo esencial, como si el país estuviera siempre “por una cabeza” de lograr algo grande.
El uso político de su muerte, lejos de ser un hecho aislado, revela una lógica que se repite hasta el presente: cuando el poder necesita tapar escándalos, busca símbolos, relatos, emociones colectivas que distraigan, que conmuevan, que desvíen la mirada del problema real hacia una épica construida, casi cinematográfica.
Y ahí aparece otra capa que pocas veces se explora: el rol de los medios de comunicación en la construcción de esas narrativas, en la capacidad de instalar temas, de amplificar ciertos hechos y de enterrar otros, en una dinámica que Gardel vivió en carne propia pero que hoy, con redes sociales y algoritmos, se volvió aún más sofisticada y peligrosa.
También hay que entender que el tango, como expresión cultural, no fue solamente música, sino una forma de leer la ciudad, de interpretar sus conflictos, de ponerle palabras a lo que muchos no podían decir, y en ese sentido Gardel fue el gran traductor emocional de una sociedad que necesitaba entenderse a sí misma.
Su figura, entonces, no puede analizarse sin ese contexto, sin esa mezcla de talento individual y construcción colectiva, donde confluyen inmigración, pobreza, deseo de reconocimiento y una identidad nacional que todavía estaba en formación, buscando su propio tono en medio del ruido del mundo.
Incluso su muerte, trágica y repentina, encaja casi demasiado bien en esa lógica narrativa, como si el mito necesitara ese final abrupto para consolidarse, para pasar de artista a leyenda, para transformarse en algo que ya no pertenece al tiempo sino a la memoria colectiva.
Y sin embargo, lo más interesante es cómo ese mito sigue mutando, cómo cada generación vuelve a Gardel desde un lugar distinto, lo resignifica, lo discute, lo vuelve a cantar, lo usa como símbolo de algo que quizás ya no es lo mismo pero que sigue teniendo una potencia difícil de explicar.
En una época donde todo parece descartable, efímero, inmediato, la permanencia de Gardel resulta casi una anomalía, una especie de resistencia cultural que atraviesa décadas, crisis, cambios tecnológicos y transformaciones sociales sin perder del todo su vigencia.
Tal vez por eso su figura incomoda, porque obliga a preguntarse por qué algunas cosas perduran y otras no, qué es lo que convierte a un artista en mito, qué elementos hacen que una voz siga sonando incluso cuando el mundo que la vio nacer ya no existe.
Y en ese cruce entre pasado y presente aparece una pregunta inevitable: si hoy surgiera un Gardel, ¿tendría el mismo impacto o quedaría diluido en la saturación de contenidos, en la lógica del algoritmo, en la velocidad con la que se consume y se olvida todo?
Porque si algo deja en evidencia esta historia es que los contextos importan, que el talento necesita de ciertas condiciones para convertirse en fenómeno, y que no todo depende del individuo sino también de la época, del momento histórico, del clima social.
Ahí es donde la figura de Gardel vuelve a cobrar sentido, no como nostalgia vacía sino como herramienta de análisis, como punto de partida para entender cómo se construyen los íconos, cómo se articulan cultura, política y economía en la creación de un símbolo nacional.
Y también como recordatorio de que detrás de cada mito hay una historia compleja, con contradicciones, con decisiones discutibles, con luces y sombras que muchas veces se suavizan para encajar en el relato oficial.
Quizás el verdadero valor de volver sobre Gardel no sea repetir que “cada día canta mejor”, sino animarse a revisar qué representa hoy, qué dice sobre nosotros como sociedad, qué parte de ese espejo seguimos evitando mirar.
Porque al final, más allá de la música, de la tragedia y del mito, lo que queda es una pregunta abierta que atraviesa generaciones: si seguimos apostando “por una cabeza”, esperando ese golpe de suerte que cambie todo, o si finalmente estamos dispuestos a construir algo más sólido, menos dependiente del azar y más cercano a una idea real de futuro.
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