«Las elecciones de agosto son una trampa». Lo afirmó Jorge Altamira de cara a las elecciones internas abiertas.

Lo afirmó Jorge Altamira de cara a las elecciones internas abiertas. También dijo que el Peronismo ya no existe.

El dirigente histórico del Partido Obrero anticipó que el desafío del Frente de izquierda es superar esa trampa en la que candidatos que históricamente han sido opuestos, ahora se asocian para privilegiar sus beneficios y ambiciones personales.

Con estas afirmaciones Altamira sostiene las bases para demostrar que la mayoría de las alianzas que se están conformando son poco sustentables, siendo el Frente de izquierda una alternativa coherente que cobra cada vez más fuerza.

“El triunfo del Frente de izquierda en Argentina significa el fin del la burocracia sindical y del peronismo enquistado en la clase obrera”, afirmó el dirigente y agregó que “el peronismo no existe más y ahora sus miembros son como los nuevos ricos que se pelean por la herencia del tío”.

Para Altamira, “los peronistas actualmente son un peso muerto que no mueven ni un alma”, ante lo cual considera que el Frente de izquierda debe trabajar para que la cabeza sea la parte obrera y así desembarazarse de los Menem, los Kirchner, los De la Sota, etc.

Por Jorge Altamira

Cuando todavía faltan un par de días para el cierre de inscripción de listas, es claro que las elecciones de medio turno de octubre se perfilan como una transición hacia el post kirchnerismo.

La fractura parcial de los K encabezada por el intendente de Tigre, Sergio Massa, representa la tentativa más decidida de esa transición, debido a que arranca de una deserción de numerosos intendentes del oficialismo y acerca a otros del campo opositor, entre ellos, varios parlamentarios. Incluso no está claro si el frente de Massa concurrirá por afuera de los K o si participará en la propia interna del Frente para la Victoria. El kirchnerismo’ se separa del ‘cristinismo’ o, dicho de otro modo, el aparato pejotista oficial marginaliza a los arribistas de último momento del ‘campo nacional y popular’ y a los ‘talibanes’ que se cobijan debajo la falda presidencial. La intervención del Poder Judicial contra el voto del Consejo de la Magistratura y la reforma judicial es una expresión decidida de la intención de la burguesía de proceder a un cambio de frente. La otra parte del paquete transicional está constituido por el sector de Scioli, el cual irá en el frente ‘cristinista’ de un modo ‘crítico’: de un lado, porque se asegura el control del Legislativo bonaerense, luego de negociar con la eminencia gris de CFK, el «Chino» Zanini; del otro lado, porque otro contingente del sciolismo hará causa común con De Narváez o con Massa. Los post kirchneristas tienen los huevos en canastas diferentes.

Lo que la opinión pública advierte, con toda razón, como una manifestación de oportunismos y personalismos -sin otro alcance que ése-, se perfila igualmente como un proceso de selección del personal político y del programa de los sucesores del gobierno de la ‘década ganada’. La negociación del gobierno con Scioli demuestra que el oficialismo es también consciente del agotamiento del ‘modelo’. El objetivo final es reunir un frente que incluya a los gobernadores K, a los que rompieron con los K (como De la Sota y Peralta) y a los que siguen al ‘peronista disidente’ De Narváez. Claro que por ‘selección’ del personal debe entenderse una lucha despiadada por copar la parada. La transición política será un proceso de crisis política inigualable.