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Milei, el supermercado vacío y la esquizofrenia de la clase media que se cree rica

Relato matado por datos duros: Milei, el supermercado vacío y la esquizofrenia de la clase media que se cree rica.

Por más que grite “¡libertad, carajo!”, la heladera sigue vacía y el changuito más liviano que promesa de político en campaña.


Mientras Javier Milei vende humo con superávit fiscal, la vida cotidiana de millones se achica. El consumo masivo cayó 5,4% en marzo y acumula una brutal baja de 8,6% en el primer trimestre de 2025. Se trata del tercer peor registro de los últimos 22 años, solo superado por el infierno del 2002 y 2003. Es decir, volvimos al fondo del pozo… y esta vez sin corralito ni crisis global que lo justifique.

El ajuste no lo paga la casta. Lo pagás vos, yo, el que va a comprar pan, leche, papel higiénico y ya no alcanza. El que mira los precios de los yogures y vuelve a dejarlo en la góndola.


El país de los gustitos prohibidos

Las bebidas alcohólicas bajaron un 18%, las sin alcohol un 16%, y los «caprichos» de kiosco como chocolates, postres y cigarrillos se desplomaron 15,6%. Ni un alfajor podés comprar sin culpa. Eso no es libertad, es miseria organizada.

Hasta los artículos de higiene, limpieza y desayuno bajaron. Es decir: comemos peor, tomamos menos, nos limpiamos menos, nos resignamos más.


Pero la clase media sigue amando al verdugo

Y en este contexto… la esquizofrenia loca de la clase media argentina llega a niveles de delirio colectivo. Casi un 30% alquila, les aumentan las expensas, el alquiler, les licúan el sueldo, les revientan los servicios, y aún así siguen creyendo en un gobierno endeudador que los mira como variables de ajuste.

La clase media argentina está apolítica y políticamente atontada. Se cree rica porque se compró una licuadora en 12 cuotas sin interés en 2018. Milita el libre mercado mientras no puede pagar el gas. Se queja de los planeros, pero no sabe ni cuánto tributa por mes en IVA, ganancias e impuestos indirectos. Y cuando lo sacuden, en lugar de protestar, agradece como víctima del síndrome de Estocolmo fiscal.


Inflación, caída del consumo y el cuento del «segundo semestre»

El índice de precios al consumidor fue del 3,7% en marzo, con los alimentos subiendo 5,9%, muy por encima de lo que esperaban las consultoras. La inflación no baja: se disfraza de estabilidad porque ya nadie compra.

Y mientras tanto, desde el poder, te dicen que “en el segundo semestre se acomoda todo”. Esa frase la escuchamos en los 90, en los 2000, en los 2015 y ahora. Spoiler eterno: nunca llega el bendito segundo semestre.


¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo vas a bancar a un gobierno que te endeuda, te precariza, te empobrece y te culpa por no emprender lo suficiente?

¿Hasta cuándo vas a mirar para otro lado mientras te vacían el changuito y te aumentan el alquiler?

¿Hasta cuándo vas a aplaudir al que te pega?


El relato ya no resiste ni una visita al súper.

Los datos lo matan.
La realidad lo pisa.
Y la clase media, atontada y sola, todavía le pone el hombro a su propio verdugo.