Los Sefardíes de nuestra historia.

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Interesante artículo en el cual está resumido como la Inquisición Católica, convirtió a los judíos y su descendencia, y que más luego poblaran estos países mezclándose con los aborígenes y algunos conservando en secreto, sus antiguas creencias. Shalom para todos y todas.

En el apéndice X de la obra Apellidos de conversos se recoge un manuscrito de la Biblioteca Nacional que se ocupa del problema de los apellidos en Aragón.

Es de saber, que cuando los moros y judíos se bautizaron por mandado de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, muchos hombres principales, para aficionarlos a que de mejor gana lo hiciesen, les ponían sus nombres, de donde ha sucedido que ahora los sucesores de aquellos hombres principales tienen su limpieza en disputa, por ver que se hallan confesos de su apellido.

Los sefardíes en nuestra historia

Personajes célebres. Tres figuras históricas de origen sefardí: Santa Teresa de Jesús (lienzo de Alonso del Arco, siglo XVII), Maimónides (grabado antiguo) y San Juan de la Cruz (escultura del imaginero José Bonilla Garrido).

Generalmente, en los textos de historia, se menciona a los pueblos que dieron origen a España, citando a vascos, celtas, íberos, romanos, vándalos, visigodos, y árabes. Pero no se hace referencia a la fuerte presencia de los sefarditas, hebreos que llegaron a la península hace 2.000 años, en la diáspora provocada por la fuerza por el Imperio Romano, expulsados de su tierra. De Tierra Santa.

Llamaron a España con el nombre de Sefarad, que significa “lugar muy lejano”, y denominaron al río como Ivri (hebreo), o Ebro. Eran descendientes de las tribus de Judá y Leví. Algunos pocos eran cristianos (los primeros cristianos eran hebreos y circuncisos, como Jesús) y la mayor parte conservaba su antigua religión judía.

España era la Hispania romana, y la lengua que se hablaba era el latín vulgar, el que hablaba el pueblo, del que derivó el castellano antiguo en el que un descendiente de sefardíes, Miguel de Cervantes Saavedra, escribió El Quijote y que era básicamente el ladino (por latino) hablado por los sefardíes. Esta lengua, que suena tan cervantina, es conservada hasta la actualidad por los sefardíes que habitan Israel.

La primera región de España poblada por los sefardíes hace 20 siglos fue Galicia. Pero también se establecieron en Toledo, Córdoba, Sevilla, Burgos, Extremadura, Cataluña, Navarra, Aragón, Jaén y otras regiones. Luego llegaron los visigodos, y los árabes después.

Ya entre el siglo XII y el XV, muchos sefardíes y cristianos se habían entremezclado por matrimonio. Tal el caso de los antepasados del rey Fernando El Católico, de Aragón, (bisnieto de la bella judía Paloma de Toledo) quien no estaba de acuerdo con la expulsión de los judíos sino que proponía su conversión por el bautismo.

El Inquisidor Torquemada forzó el decreto de 1492 que obligaba a todo no cristiano a abandonar España sin bienes ni pertenencias, en tres meses, lo que hizo que muchos sefardíes se bautizaran católicos. El tesorero personal de los reyes católicos Fernando e Isabel fue un sefardí, Isaac Abravanel, uno de los que financió los viajes de Colón. Pidió que se reconsiderara el decreto, y aunque los reyes le ofrecieron seguridad para él y su familia, prefirió el exilio.

Cristianos nuevos y cristianos viejos
Ya antes de 1492, hubo en España “cristianos viejos” y “cristianos nuevos”, aunque desde hacía siglos las uniones matrimoniales y las conversiones eran una realidad. Así, por ejemplo, las familias más nobles y encumbradas de Aragón y Cataluña estaban emparentadas con sefardíes. Estos se destacaron en las artes y en las ciencias. El confesor de la reina Isabel La Católica era un sefardí bautizado cristiano, Hernando de Talavera.

El célebre Maimónides, rabino cordobés, destacado en la medicina y en filosofía, en cuyos trabajos abrevó Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa de Jesús (Sánchez de Cepeda y Ahumada), era nieta de sefardíes conversos, doctora de la Iglesia, religiosa, escritora y poetisa.

Lo era San Juan de la Cruz, y Pablo de Santa María, obispo de Cartagena y Burgos, (Salomón Ha-Levi) era sefardí bautizado católico. Antonio de Nebrija, Fernando de Rojas, Luis Vives, Fray Bartolomé de Las Casas, el Padre Francisco de Vitoria, el beato Juan de Ávila, Fray Luis de León, Benito Arias Montano, bibliotecario y capellán de Felipe II, Alonso de Ercilla, descendían de sefardíes.

Con el bautismo, los sefardíes pasaron a tener apellidos como Rodríguez o Rodrígues, Pérez o Péres, Santangel, San Martín, Santa Cruz, San Agustín, Bensimón, Benzaquén, Córdoba, Toledo, Toledano, Alcázar, Alemán, Barceló, Barcelona, Barrionuevo, Berenguer, Caballero, Cabeza, Cabra, Cáceres, Cádiz, Carrillo, Chaves, Colombo, Correa, David, Dávila, Delgado, Diez, Duarte, Enríquez, Escalera, Escobar, Escribá, Espíritu Santo, Espinosa, Farias, Fernándes, Ferrando, Ferrer, Ferrera, Fierro, Fuertes, Gallego, Gallo, Gálvez, Gaona, Garcés, García, Garro, Gato, Gerona, Gilabert, Herrero, Iniesta, Izquierdo, Jara, Jaime, Jordán, Julia, La Torre, Lacalles, Lara, Levi, Leyba, Macia, Machado, Marqués, Medina, Nadal, Nájara, Narváez, Navarro, Negrín, Nieto, Noé, Olivera, Oliveros, Olivos, Olmos, Orgaz, Ortega, Osorio, Pacheco, Palma, Pardo, Paredes, Ramírez, Ramos, Rosales, Ros, Saavedra, Sabina, Salgado, Salom, Sánchez, Sánchez de Toledo, Sastre, Talavera, Tejedor, Úbeda, Ulloa, Vaamonde o Bahamonde, Valderrama, Valencia, Valera, Valls, Vaquero, Ventura, Zaragoza, Zorrilla, entre otros citados por José Pardo Hidalgo en un interesante trabajo.

El general Francisco Franco Bahamonde descendía de sefardíes, y salvó de la persecución y la muerte a 60.000 judíos de Europa durante el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial, brindándoles protección diplomática y pasaportes españoles para enviarlos a lugar seguro. En estas tierras.

La gran mayoría de los españoles que arribaron a estas tierras de lo que fue el Virreinato del Río de la Plata descendían de sefardíes bautizados en el catolicismo. A diferencia de la colonización norteamericana, en la que llegaban familias enteras de puritanos europeos, la conquista española fue de hombres solos, jóvenes, solteros y fundamentalmente soldados.

Por cierto, a quienes más atrajo esta aventura de cruzar el mar y arriesgarlo todo, no fue a los condes y marqueses con una vida de holganza ya resuelta, sino a los descendientes de “cristianos nuevos”, plebeyos sin fortuna y sin mucho futuro en España.

Ya muchos de ellos se habían enrolado en los ejércitos o hacían la carrera de las armas. Llegados a estas tierras, tomaron por mujeres a las indias, con las que se amancebaron en tolerada poligamia (por eso Asunción era llamada “el paraíso de Mahoma”) y tuvieron mucha descendencia: tal el caso de los “mancebos de la tierra” que fundaron Santa Fe.
En el acta fundacional de Buenos Aires figuran muy pocos españoles. La mayoría son mancebos nacidos en Asunción. Algunos de ellos se afincarían en Santa Fe, Córdoba y Tucumán.

Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba y antepasado de Jorge Luis Borges, era un andaluz descendiente de sefardíes. En los apellidos más notables del patriciado cordobés está la huella sefardí: Novillo Corvalán, Centeno Novillo, Becerra Ferrer, Vaca, Ferrer Deheza, Aliaga de Olmos, Nores Martínez, Rey Nores, Mosset de Espanés y otros.

Lo mismo puede decirse de famosas familias argentinas como los Anchorena, los Rosas, los Rivadavia y los Saavedra, y de Hernando de Lerma, fundador de Salta.

Esa es, pues, nuestra pertenencia criolla. De esos españoles, de esos indios, y de la mezcla de ambos descendemos quienes tenemos en estas tierras más de cuatro siglos.

Por eso es necesario destacar la importancia fundamental del componente sefardí. Porque así como puede decirse con justicia “borrad los sefardíes y os quedaréis sin la historia de España”, podemos afirmar con orgullo sobre nuestras raíces criollas: “borrad a los sefardíes y nos quedaremos sin la historia de la conquista, la primera colonización y el origen mismo de Argentina”.

Los sefardíes o sefaradíes (del hebreo ספרדים), ‘españoles’, son los descendientes de mixto de los españoles-portugueses judíos que vivieron en la península ibérica (España y Portugal) hasta 1492, y que están ligados a la origen étnico hispano y cultura hispánica. Se calcula que en la actualidad, la comunidad sefardí alcanza los dos millones de integrantes, la mayor parte de ellos residentes en Israel, Francia, Estados Unidos y Turquía. También a México, Costa Rica, Cuba y Sudamérica, principalmente a Argentina y Chile, llegaron judíos sefardíes que acompañaron a los conquistadores españoles y portugueses y así escaparon de las persecuciones en España.

Desde la fundación del Estado de Israel, el término sefardí se ha usado frecuentemente para designar a todos aquellos judíos de origen distinto al askenazí (judíos de origen alemán, ruso o centroeuropeo). En esta clasificación se incluye a los judíos de origen árabe, de Persia, Armenia, Georgia, Yemen e incluso India, que no guardan ningún vínculo con la cultura hispánica que distingue a los sefardíes. La razón por la cual se utiliza el término indistintamente es por las grandes similitudes en el rito religioso y la pronunciación del hebreo que los sefardíes guardan con las poblaciones judías de los países antes mencionados, características que no se comparten con los judíos askenazíes. Por eso hoy en día se hace una tercera clasificación de la población judía, la de los mizrahim (del hebreo מזרחים ‘Oriente’), para garantizar que el término «sefardí» haga alusión exclusivamente a ese vínculo antiguo con la península ibérica.

Los judíos desarrollaron prósperas comunidades en la mayor parte de las ciudades españolas. Destacan las comunidades de las ciudades de Toledo, Burgos, Sevilla, Córdoba, Jaén, Ávila, Granada, León, Segovia, Soria, Vitoria y Calahorra. En la Corona de Aragón, las comunidades (o Calls) de Zaragoza, Gerona, Barcelona, Tarragona, Valencia, y Palma de Mallorca se encuentran entre las más prominentes. Algunas poblaciones, como Lucena, Hervás, Ribadavia, Ocaña y Guadalajara, estaban habitadas principalmente por judíos. De hecho, Lucena estuvo habitada exclusivamente por judíos durante siglos en la Edad Media.

En Portugal, de donde muchas ilustres familias sefardíes son originarias, se desarrollaron comunidades activas en las ciudades de Lisboa, Évora, Beja y en la región de Trás-os-Montes.

Se tiene conocimiento de la existencia de comunidades judías en territorio español desde tiempos remotos. El hallazgo de evidencias arqueológicas lo confirman. Un anillo fenicio del siglo VII a. C., hallado en Cádiz con inscripciones paleo-hebraicas, y una ánfora, en la que aparecen dos símbolos hebreos del siglo I, encontrada en Ibiza, figuran entre las pruebas más contundentes de la presencia judía en la península ibérica.

La presencia hebrea en el actual territorio español experimentó cierto incremento durante las Guerras Púnicas (218-202 a. C.), durante las cuales Roma se apoderó de la península ibérica (Hispania), y se sabe con precisión que el aumento de la población judía se dio varios siglos después a raíz de la conquista de Judea por el general romano Tito, bajo mandato del emperador Vespasiano (70 d. C.). Se calcula que en España se asentaron, durante las primeras décadas de la Diáspora, alrededor de 80 000 personas procedentes de Palestina. Esta cifra se elevará de manera considerable posteriormente. Igualmente, la presencia hebrea en España también se debió a la importación de esclavos por los romanos para diversas actividades.

A la caída del Imperio romano en 476 y tras la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos, suevos y vándalos, sobreviene una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían. Al sobrevenir la dominación visigoda, que profesaba el arrianismo hasta su adopción final del catolicismo durante el reinado de Recaredo (587 d. C.), las comunidades judías pasan a ser dominadas completamente y se inicia una época de persecución, aislamiento y rechazo. Es en esta época cuando comienzan a formarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.

Las difíciles condiciones en que se encontraban los judíos durante los Reinos Cristianos hicieron que éstos recibieran a los conquistadores musulmanes como una fuerza liberadora. No es exagerado decir, por tanto, que la población judía de la península prestó ayuda a las huestes islámicas que venían de África.

El año 711 será recordado como la fecha en que se inicia la «Edad de Oro» de la judería española. La victoria del bereber Táriq ibn Ziyad aseguraba un ambiente de mejor convivencia para los hebreos, ya que la mayor parte de los regímenes musulmanes de la península ibérica fueron bastante tolerantes en asuntos religiosos, aplicando la ley del impuesto a los dhimmi (judíos y cristianos, que junto con los mazdeítas eran considerados las gentes del libro) según lo estipulado en el Corán.

La comunidad judía andalusí, durante esta época, fue la más grande, mejor organizada y más avanzada culturalmente gracias a las grandes libertades de que gozaba. Numerosos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes se trasladaron a Al-Ándalus, integrándose en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos. Muchos de estos judíos adoptaron el idioma árabe y se desempeñaron en puestos de gobierno o en actividades comerciales y financieras. Esto facilitó enormemente la incorporación de la población judía a la cultura islámica, principalmente en el sur de España, donde los judíos ocuparon puestos importantes.

Por lo tanto, es bajo el dominio del Islam cuando la cultura hebrea en la península alcanza su máximo esplendor. Protegidos, tanto por reyes cristianos como musulmanes, los judíos cultivan con éxito las artes y las ciencias, destacando claramente en medicina, astronomía y matemáticas. Además, los estudios religiosos y la filosofía son quizás la más grande aportación. Algunos nombres destacan en tales áreas. El rabino cordobés Moshé ibn Maimón, conocido como Maimónides, se distingue sobre los demás por sus aportes al campo de la Medicina, y sobre todo en la filosofía. Sus obras, como la Guía de perplejos y los comentarios a la Teshuvot, ejercieron influencia considerable sobre algunos de los doctores de la iglesia, principalmente sobre Tomás de Aquino.

En el campo de la matemática, se les atribuye a los judíos la introducción y aplicación de la notación numeral indoarábiga a Europa Occidental. Azraquel de Sevilla realiza un estudio exhaustivo sobre la Teoría de Ecuaciones de Diofanto de Alejandría, mientras que Abenezra de Calahorra escribe sobre las peculiaridades de los dígitos (1-9) en su Sefer ha-Eshad, redacta un tratado de aritmética en su Sefer ha-Mispad y elabora unas tablas astronómicas. Años antes de la Reconquista, el converso Juan de Sevilla tradujo del árabe un volumen del álgebra de Mohammed al-Khwarismi que fue posteriormente usado por matemáticos como Nicolo di Tartaglia, Girolamo Cardano o Viète.

En estilo andalusí se construye la Sinagoga del Tránsito (o de Samuel Ha-Leví) en la ciudad de Toledo, exponente máximo de la arquitectura judía de esta época, al igual que la de Córdoba.

Es una tradición española considerar como apellidos propios de los judíos todos aquellos apellidos de origen toponímico, de oficios o de profesiones. Esto es un gran error dado que en todos los pueblos de Europa los apellidos siempre tienen básicamente el mismo origen. Así tenemos apellidos de origen patronímico, que son aquellos derivados de un nombre propio: de Sancho–>Sánchez, de Ramiro->Ramírez, así también Martín, Alonso, etc. Toponímico, o del lugar de procedencia como Ávila, Córdoba, Franco, etc. Apellidos inspirados en accidentes o detalles geográficos que referencian a una familia dentro de un mismo pueblo, como puede ser De la Fuente, Del Río, Plaza, Lacoste, etc. Aquellos que toman una cualidad física o psíquica para identificar a un individuo dentro del grupo, como Moreno, Pardo, Rubio, Petit. Y por supuesto los que indican que se ejerce un determinado oficio o profesión (Guerrero, Ferrer, Calle, Taylor).

Es por lo tanto muy difícil asegurar una atribución exclusiva o tan siquiera relativa de un apellido con personas de una determinada religión, como muy bien expresaba Don Julio Caro Baroja en su obra Los judíos en la España moderna y contemporánea. Al tratar precisamente del tradicionalismo de los sefarditas, tanto en sus actividades lingüísticas como al ejercer oficios y profesiones, afirma que «aparte de conservar con celo apellidos desaparecidos hace mucho en España, o que, por el contrario, les son comunes con cristianos viejos de los que aquí pueden vivir (éste el de los apellidos, es terreno muy resbaladizo, y en el que muchos pueden dejarse llevar por la pasión fácilmente…».

Sinagogas de Salónica y familias relacionadas

Mayor (Mallorca) — Cuenca, Ferrera, Arotchas, Baraja, Ben Mayor, Torres, Francés.
Provincia (Provence) — Yeoshua, Barouch, Menachem, Eskenazy, Haim, Pitchón, Paladino.
Estrouk (León) — Pinto, Chiniyo, Aragon, Faradji.
Bet Aharon (Galicia) — Cassouto, Saragoussi, Toledano, Franco, Avayou, Israel, Leal.
Aragón (Aragón) — Chiniyo, Pinto, Azouz, Hanania, Yona, Nahoum, Levi, Sarfati.
Portugal (Lisboa) — Melo, Ferrera, Raphael, Arari, Rangel, Miranda, Boueno, Hernández, Pérez, Pinto,Preciado.
Evora (Evora) — Pinto, Ovadia, Attias, Rouvio, Ergas, Amarillio, Bivas.
Shalom (Extremadura) — Molho, Pérez, Benveniste, Albukerk, Alviz, Kuriat, Litcho, Saloum, Alvo.
Sicilia (Sicilia) — Ouziel, Berakha, Hazan, Segoura, Shami, Shaban, Menashe, Haver, Levi.
Calabria (Calabria) — Profeta.

Apellidos sefardíes

Es una tradición española considerar como apellidos propios de los judíos todos aquellos apellidos de origen toponímico, de oficios o de profesiones. Esto es un gran error dado que en todos los pueblos de Europa los apellidos siempre tienen básicamente el mismo origen. Así tenemos apellidos de origen patronímico, que son aquellos derivados de un nombre propio: de Sancho–>Sánchez, de Ramiro->Ramírez, así también Martín, Alonso, etc. Toponímico, o del lugar de procedencia como Ávila, Córdoba, Franco, etc. Apellidos inspirados en accidentes o detalles geográficos que referencian a una familia dentro de un mismo pueblo, como puede ser De la Fuente, Del Río, Plaza, Lacoste, etc. Aquellos que toman una cualidad física o psíquica para identificar a un individuo dentro del grupo, como Moreno, Pardo, Rubio, Petit. Y por supuesto los que indican que se ejerce un determinado oficio o profesión (Guerrero, Ferrer, Calle, Taylor).

Es por lo tanto muy difícil asegurar una atribución exclusiva o tan siquiera relativa de un apellido con personas de una determinada religión, como muy bien expresaba Don Julio Caro Baroja en su obra Los judíos en la España moderna y contemporánea. Al tratar precisamente del tradicionalismo de los sefarditas, tanto en sus actividades lingüísticas como al ejercer oficios y profesiones, afirma que «aparte de conservar con celo apellidos desaparecidos hace mucho en España, o que, por el contrario, les son comunes con cristianos viejos de los que aquí pueden vivir (éste el de los apellidos, es terreno muy resbaladizo, y en el que muchos pueden dejarse llevar por la pasión fácilmente…».
En el apéndice X de la obra Apellidos de conversos se recoge un manuscrito de la Biblioteca Nacional que se ocupa del problema de los apellidos en Aragón.

Es de saber, que cuando los moros y judíos se bautizaron por mandado de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, muchos hombres principales, para aficionarlos a que de mejor gana lo hiciesen, les ponían sus nombres, de donde ha sucedido que ahora los sucesores de aquellos hombres principales tienen su limpieza en disputa, por ver que se hallan confesos de su apellido.

Allí se cita como ejemplo los casos de los Samaniego, Mendoza, Señores de Sangarrén, o de Don Domingo Ram, obispo de Huesca, que otorgaron su apellido a muchos bautizados.

Por último debemos citar el caso de los judíos conversos que adoptaron voces de inspiración cristiana.

Eurodiputado húngaro de extrema derecha descubre sus orígenes judíos

Csanád Szegedi, ex miembro del partido húngaro de extrema derecha Jobbik y quien durante años criticó a los judíos y a Israel, enfrenta una nueva realidad tras descubrir sus orígenes judíos.

El político radical, que según un rabino húngaro atraviesa un «camino de aprendizaje», anunció recientemente que visitará los campos de exterminio de Auschwitz, donde estuvo deportada su abuela a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos años, Szegedi, como eurodiputado y una de las figuras destacadas del Jobbik, sostuvo de forma reiterada en sus discursos y entrevistas que Israel y los judíos «compran Hungría» y que «los artistas judíos difaman los símbolos nacionales del país».

El político descubrió hace poco sus orígenes judíos y que su abuela materna fue deportada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial a los campos de exterminio de Auschwitz y Dachau.

Desde junio han circulado en la prensa electrónica húngara rumores sobre los orígenes judíos de Szegedi, supuestamente a raíz de informaciones que empezaron a publicarse como consecuencia de los conflictos internos del partido.

El político primero negó todo, pero en julio un blog sacó a la luz una grabación de 2010 en la que Szegedi prometió fondos y un empleo de la Unión Europea (UE) a un tal Zoltán Ambrus, que supuestamente le había hecho chantaje con la amenaza de publicar los datos que demostrarían sus orígenes judíos.

A pesar de que Szegedi aseguró que la cinta fue manipulada, los dirigentes del partido, como Elöd Novák, que según la prensa local tienen una relación conflictiva con el eurodiputado, le instaron a dimitir, pues aunque afirmaron que «pese a sus orígenes le hemos considerado como un amigo», opinan que es difícil de creer que el político desconociera sus orígenes.

El Jobbik pidió que Szegedi devuelva su escaño en el

Parlamento Europeo, algo que el político se negó de hacer, aunque abandonó el partido en cuya lista logró llegar a la eurocámara.
«Me senté con mi abuela y tuvimos una larga charla….en la que supe que es judía. También me contó que la deportaron y que estuvo en Auschwitz y en Dachau», relató.

Ahora Szegedi reconoce que tiene antecedentes judíos, pero se considera «cien por ciento húngaro».

«Lo que importa es cómo se relaciona uno con la hungaridad. No soy y no he sido antisemita», afirmó.

El político fue en 2007 uno de los fundadores del brazo paramilitar del Jobbik, la Guardia Húngara, ilegalizada dos años después por atemorizar a los gitanos y otras minorías.

Tras confrontar sus orígenes, Szegedi se reunió con el rabino Slomó Köves, que en un comunicado informó de que el político se ha exculpado.

Según la religión judía, todo el mundo tiene derecho al libre albedrío y puede corregir sus errores, recordó el rabino, y agregó que Szegedi se encuentra en un «difícil proceso de aprendizaje», que debería concluir de forma positiva.

En dicho encuentro el político extremista dijo que pide perdón «por si en los últimos años he hecho declaraciones que pudieron herir a la comunidad judía».

Entre otros, en noviembre de 2010 dijo en una manifestación organizada contra la UE, que «Israel tiene más diputados en el Parlamento húngaro que en la Knesset», el Parlamento de Israel.

En una entrevista aseguró que «los judíos están comprando todo el país» y agregó que «artistas judíos» difamaron los símbolos de Hungría, como la corona.

Szegedi promete ahora viajar este año al campo de concentración de Auschwitz (Polonia), donde murió la mayoría de los judíos húngaros deportados en 1944.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis mataron a más de medio millón de los entonces 800 mil judíos que vivían en Hungría, de los que la mayoría fue deportada y asesinada en campos de exterminio en Austria, Alemania y Polonia, sobre todo en Auschwitz.

Palermonline

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